Pablo Iglesias reivindica la República en pleno Estado de Alarma

En el aniversario de la proclamación de la Segunda República Española, asistimos a múltiples reconocimientos por parte de líderes como Pablo Iglesias. En uno de sus Tweets reivindica una República donde el Jefe del Estado no vista de militar, donde el ejército esté subordinado al poder civil, donde “nadie fuera más que nadie” y donde fuéramos todos “iguales ante la ley”, además de defender la laicidad del Estado. Este tipo de manifestaciones ya nos son comunes dentro de la izquierda española, manifestaciones de condena al franquismo, un régimen que termino hace ya más de 40 años, o de reivindicación a la Segunda República, pero siempre tratando de olvidar el bienio conservador, ese periodo de 3 años en que los partidos de centro derecha gobernaron. La mitificación de la Segunda República y esa aura trágica en el que la envuelven por haber sucumbido al golpe de Estado de 1936 es una magnifica base sobre la que la izquierda refrenda todo su discurso. La República como forma ideal de gobierno derrotada por el ejército y los antiguos reaccionarios católicos. A partir de ese momento el rencor y el odio hacia todo lo que no se acerque a los postulados de la izquierda queda absolutamente aceptado y es asimilado sin problema en el imaginario popular. Ese odio y rencor que nace el victimismo por la destrucción de una forma de gobierno que manipulan para convertirla en lo que no era, una República socialista. Porque, señor Iglesias, la República no fue el Frente Popular, fue mucho más.

Por supuesto, todas las reivindicaciones hacia la Segunda República vienen acompañadas de una condena hacia el golpe de Estado de 18 de julio de 1936. Sin embargo, la izquierda ya se había sublevado contra el Estado en numerosas ocasiones, debemos recordar 1917, 1930 y 1935 y tal y como decía Salvador de Madariaga que era Repblicano, después de la revolución de Asturias de 1934 la izquierda perdió todo atisbo de autoridad moral para condenar el alzamiento militar de 1936. Pero, hay que preguntarse ¿por qué el golpe militar de 1936 desemboco en una guerra civil que desmantelo la República? No todos los golpes necesariamente conducen a la guerra, ¿por qué entonces este sí? Sin duda alguna fue por miedo al gobierno del Frente Popular porque como decía Gil Robles media España no se resignaba a morir, esa media España tradicional y católica, la misma que actualmente también teme por su modo de vida con el gobierno de Pedro Sánchez. Para la Izquierda el golpe de Estado fue una reacción de las clases dominantes, reduciéndolo todo a la consabida teoría marxista de la lucha de clases, pero otros factores fueron determinantes, como la religión o el hecho de que los españoles vieron con el Frente Popular como se concretaban 75 años de lucha y agresividad de la Izquierda en España, o porque se percibió que la República para el Frente Popular solo era un mero instrumento para constituir una República Socialista cercana a la Unión Soviética.

Ahora bien, aquellos que homenajean a la Segunda República no solo deberían condenar el golpe de 1936 y no solo debería condenar a Franco, si no también a Indalecio Prieto que reconoció en sus memorias que había comandado el golpe de Asturias de 1934 que pretendía ser el inicio de una revolución socialista o a Largo Caballero que fue responsable del giro hacia el bolchevismo del Partido Socialista en el año 1933 y por lo tanto responsable de la radicalización de la izquierda que provocó finalmente el estallido de una guerra civil.

Para terminar, los que recuerdan emocionados a la izquierda española en la Segunda República como un ejemplo de democracia debo invitarles a que lean el telegrama que Stalin envió a Largo Caballero conminándole a que guardase las formas parlamentarias democráticas. Largo Caballero respondió a Stalin diciéndole que la democracia no tenía ningún predicamento entre ellos. Esperemos que la izquierda que actualmente nos gobierna si lo tenga.

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