La comprometida perseverancia

Son perseverantes y la perseverancia los hace exitosos en su tarea de destruir pueblos y naciones. Lo hicieron en Cuba, lo hacen en Venezuela, Nicaragua, en Brasil faltó poco para arruinarla, pero la corrompieron, al igual que Argentina, Ecuador, Perú y Bolivia, hasta que los valientes bolivianos se enfrentaron al indio cocalero y lo despacharon.

Los imitaron por décadas, pero para hundir la industria petrolera se necesitaba un militar de profunda y gran mediocridad como un soldado fracasado y pelotero frustrado, lográndolo cuando le puso la mano tras la huelga que solo consiguió, tuviéramos que importar la peor gasolina del mundo de un lugar tan remoto en costumbres, propósitos, religión y conducta como Irán.

Para defecar la jaula no es necesario ser castrocubano, basta ser fanático y odiar a Estados Unidos. En lo que han coincidido los dos presidentes que el chavismo cubanizado y orientado ha impuesto a los venezolanos, que tuvieron un sueño, despertando en una pesadilla de miseria, fallas de servicios públicos, incompetencia, selección de cargos por adulancia y lealtad prometida, cabeza baja, como imbéciles sin conocer de qué se trata el asunto.

Hay que reconocer la experticia, acaban con todo, son una plaga entrenada, mientras el Foro de Sao Paulo y perversos inscritos socialistas, tienen en la mira a Latinoamérica.

Rómulo Betancourt le dio con la puerta en la cara a Fidel Castro, que viajó pomposo, líder triunfante, en un cuatrimotor atestado de comunistas, para que uno se quedara sin cabeza cuando, creyendo que con la revolución cerca nada malo podía pasar, no se fijó en que una de las hélices del avión no era fidelista o, quizás, una malévola enviada por la CIA.

Regresó a La Habana sin petróleo y con un escolta descabezado, desde entonces, vengativo y prepotente, se dedicó a tratar de quedarse con Venezuela y sus riquezas. Intentó invadirla solo para darse cuenta de que los militares venezolanos de aquellos tiempos eran mejores que los castristas y se decidió a no combatirlos, sino a infiltrarlos.

Tras envolver a Chávez con deleites en ambientes y alabanzas de glorias, Fidel en su apasionada verborrea, haciéndole creer que los aplausos en la Universidad de La Habana eran merecidos, espontáneos, consiguió montones de dólares y el petróleo deseado, creyendo el pendejo, la revolución mundial comenzaba en La Habana y Caracas.

El G2 es el encargado del espionaje, manipulación, mentiras e infiltración, tan eficaces que el chavismo les paga para que nos infiltren, envíen espías propios y fieles consultores formados en La Habana. Pero no contaban con Internet, teléfonos inteligentes y redes sociales, que procuran a toda costa controlar, pero incluso así mucho se les escapa.

Así están, como el borracho que no da más y empieza a ver elefantes rosados, o aún peor, rojos, lo que llaman “delirium tremens”. Debe ser más divertido ver flotando a un paquidermo que a Maduro aburriéndonos cuando habla de un país que solo existe ni siquiera en su imaginación, pero sí en los discursos que le escriben, tan elaborados y densos para cambiar nombres de autopistas.

Fidel arruinó a Cuba en poco más de dos años, incluso del asesino serial Ernesto “Che” Guevara. Cuando el G2 llegó a Venezuela la destrucción y torpeza del chavismo algo habían adelantado, pero faltaba mucho por hacer. Llevan un montón de años en acción, supervisando que se haga bien en Venezuela el mal que ya practicaron en Cuba.

Con la represión y encarcelamiento atormentador han tenido éxito. Al lado de las suyas, las cárceles de Pérez Jiménez eran hoteles abandonados con todo y rines rudimentarios; solo podrían parecérseles a las de Gómez, pero con crueldad tecnológica -en La Rotunda no había aire acondicionado, a los presos reticentes los colgaban de los testículos, pero no se los congelaban-.

Por las noches alguno de los hermanos expertos en engañar, echan balones inflados al aire y el viento los impulsa y se los lleva, esperando haber convencido a alguien, olvidándose que incluso los pocos que todavía les creen, al día siguiente salen a la calle y comprueban, que la situación en nada ha mejorado sino, por el contrario, empeorado.

El coronavirus está esparcido en el mundo, excepto en Cuba, ahí no queda nadie por contagiar, al punto que el propio jefe castrista, general del ejército, heredero del trono habanero, conservado en alcohol, en grave estado de salud, dijo que las puertas de Cuba están abiertas para el que quiera ir.

No aclaró ni se sabe cómo está manejando el asunto, porque la gente no quiere ir sino irse, que se escribe parecido, pero no es lo mismo.

Armando Martini Pietri.

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