Guerra en Irán: el Parlament catalán se fractura por el programa nuclear y la escalada amenaza Europa

La reciente escalada bélica en torno a Irán ha puesto de manifiesto las profundas divisiones políticas, incluso dentro de un parlamento autonómico. En Catalunya, la posibilidad de una declaración institucional conjunta para condenar la guerra en Oriente Próximo se ha visto truncada por discrepancias insalvables entre los grupos parlamentarios, centradas en la mención y exigencia de renuncia al programa nuclear iraní. Mientras tanto, el conflicto, que ya ha causado importantes daños en infraestructuras energéticas de países vecinos, genera una creciente inquietud ante su potencial de extensión, llegando a las puertas de Europa.
El pleno del Parlament de Catalunya no albergará este semana una declaración institucional unánime contra la guerra en Oriente Próximo. A pesar de los esfuerzos de la mayoría de grupos por consensuar un texto que condenase la escalada bélica, la falta de acuerdo ha impedido su aprobación. PSC, ERC, Comuns y la CUP habían logrado plasmar su firma y votar a favor de un posicionamiento común en la junta de portavoces. Sin embargo, la abstención de Junts, que ha justificado su postura en un desencuentro con la CUP respecto al programa nuclear de Irán, ha sido el obstáculo definitivo.
Fuentes del partido posconvergente señalan a la CUP como responsable del desacuerdo, acusándola de haber vetado una de sus propuestas clave: la exigencia a Irán de la renuncia a su programa nuclear. Junts considera que este punto es fundamental para abordar las causas del conflicto, argumentando que «el programa nuclear iraní es una de las principales amenazas para la paz». La formación liderada por Carles Puigdemont insiste en que «no mencionar este programa y no exigir su fin es no abordar una de las cuestiones esenciales del conflicto».
Por su parte, desde el resto de grupos firmantes se critica a Junts por intentar «desdibujar el objetivo de la declaración entrando en detalles internos de Irán». Lamentan que los posconvergentes se hayan descolgado del texto a pesar de los «esfuerzos» realizados para recabar su apoyo. Uno de los interpelados por esta postura señaló irónicamente que «los Estados Unidos también tienen un programa nuclear y de esto Junts no dice nada», poniendo en duda la selectividad de la exigencia.
La guerra en Irán no solo genera tensiones geopolíticas y divisiones internas, sino que también proyecta una sombra de incertidumbre sobre la seguridad global. Rana Issa, una iraquí con doble nacionalidad canadiense, expresa el temor que se vive ante la posibilidad de que el conflicto se extienda. «Estoy mal, no duermo bien, mucho miedo a que se extienda a otras regiones, una de ellas Europa», confiesa. Issa, cuya familia aún reside en Irak, se preocupa especialmente por los familiares mayores que no podrían afrontar un nuevo éxodo si la guerra iraní adquiere una dimensión metastásica en Oriente Próximo.
Issa advierte que este conflicto es «una guerra muy grande, difícil, en la que la gente normal, como nosotros, vamos a pagarlo con dinero y sufrimiento». Las imágenes de refinerías de gas y petróleo atacadas y los precios disparados del crudo y bienes básicos son solo la punta del iceberg de las consecuencias que se vislumbran. La desorientación y la incertidumbre marcan el día a día de las familias en la zona afectada.
La Casa Blanca, a través de su portavoz Karoline Leavitt, ha afirmado que la guerra en Irán concluirá «cuando el presidente Donald Trump lo decida», una declaración que marca la influencia estadounidense en el desarrollo del conflicto. Por su parte, el ministro de Exteriores de Israel, Gideon Saar, ha asegurado que su país no busca «una guerra interminable» y que el fin se determinará en consulta con Estados Unidos. Sin embargo, la Guardia Revolucionaria iraní ha rechazado estas afirmaciones, declarando que «será Irán quien determine el fin de la guerra».
Hasta la fecha, se han reportado cerca de 150 soldados estadounidenses heridos, una cifra superior a la facilitada oficialmente por el Pentágono. En cuanto a una posible negociación de paz, el presidente Trump se ha mostrado «posible» a hablar con el Gobierno de Irán. Rusia, a través de su ministro de Exteriores, Sergéi Lavrov, ha reiterado su disposición a mediar para lograr una «desescalada».
En España, la posición del Gobierno, encabezada por el presidente Pedro Sánchez, ha sido recibida con agradecimiento por parte de ciudadanos en medios árabes y españoles, quienes valoran una actitud «afortunadamente diferente a 2003». Sánchez comparecerá el próximo 25 de marzo en el Congreso para detallar la postura española ante el conflicto.
La guerra ha tenido un impacto directo y devastador en las infraestructuras energéticas de la región. Irán ha continuado atacando países vecinos como Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Baréin y Arabia Saudí, al tiempo que sufre bombardeos. La semana pasada, Arabia Saudí se vio obligada a cerrar su principal refinería, y Qatar clausuró la mayor instalación de exportación de gas natural licuado dun medio tras sufrir ataques con drones. Estos incidentes subrayan la fragilidad del suministro energético global y las graves consecuencias económicas que se derivan de la escalada bélica.
La guerra en Irán se presenta como un conflicto complejo con ramificaciones que trascienden las fronteras regionales. Las divisiones políticas internas, como las evidenciadas en el Parlament catalán, reflejan la dificultad de alcanzar consensos en momentos de crisis. La amenaza de extensión del conflicto y el impacto en las infraestructuras energéticas globales añaden capas de preocupación, mientras la comunidad internacional busca vías para la desescalada y la paz, haciendo eco del lema «No a la guerra».
