La memoria de Aitor Zabaleta divide el himno en la final de Copa
La final de la Copa del Rey en el Estadio de La Cartuja de Sevilla no fue solo un duelo deportivo. El encuentro entre la Real Sociedad y el Atlético de Madrid se vio empañado, o quizás enriquecido, por un clamor dividido durante la entonación del himno de España. Mientras una parte de los asistentes respondía con sonoros silbidos, otro sector coreaba el "Lo, lo, lo, lo". Este cántico resonó con fuerza, especialmente en el contexto del recuerdo de Aitor Zabaleta, el joven seguidor de la Real Sociedad asesinado en 1998 por ultras del Atlético de Madrid.
La previa del partido ya había anticipado la carga simbólica del encuentro. En las gradas, un imponente tifo desplegado por la afición realista capturó la atención. La imagen combinaba un oso enfadado junto a un madroño y la Copa del Rey, luciendo la leyenda «Una pasión, un campeón». Sin embargo, el elemento central y más emotivo era una enorme efigie de Aitor Zabaleta, recordando su trágica historia y su vinculación con el club donostiarra.
La presencia del Rey Felipe VI en el palco presidencial no logró unificar el ambiente sonoro durante el himno. La confrontación de cánticos evidenció las profundas divisiones que aún persisten. Los silbidos, dirigidos a la marcha real, se mezclaron con el tarareo que buscaba ahogar las críticas, creando una atmósfera tensa en un estadio teñido por los colores azul y rojo.
Un estadio dividido, atléticos y txuri-urdin
La afición del Atlético de Madrid, que conformaba la mayoría en el coliseo sevillano, compartió escenario con los seguidores de la Real Sociedad. Los aficionados vascos, además de los cánticos que buscaban honrar la memoria de Zabaleta, también dirigieron sus pitadas hacia los exjugadores Le Normand y Sorloth, quienes ahora defienden los colores del conjunto madrileño. La final, que comenzó mucho antes de que el balón echase a rodar, demostró estar cargada de significado y controversia.
El asesinato de Aitor Zabaleta en 1998 a manos de ultras del Atlético de Madrid sigue siendo una herida abierta y un punto de referencia en la historia de la violencia ligada al fútbol en España. Su figura no solo se evoca en momentos como este, sino que también ha sido protagonista en producciones audiovisuales y debates públicos. La reciente serie documental 'Ultras' de HBO Max, por ejemplo, aborda el fenómeno hooligan en el fútbol español. Dedica espacio a casos emblemáticos como el de Zabaleta, el 'Caso Jimmy' o el asesinato de Frèderic Rouquier. Estas producciones buscan analizar el origen, desarrollo y persistencia de la violencia en el deporte. Utilizan testimonios de exmiembros de grupos ultras, periodistas, responsables de clubes, investigadores policiales y víctimas.
La memoria de las víctimas de la violencia futbolística se mantiene viva. Se recuerda la persistencia de actitudes y comportamientos que han marcado negativamente la historia del deporte rey. Casos como el de Aitor Zabaleta, Lucrecia Pérez, Iñigo Cabacas o Jimmy, asesinados en diferentes contextos de violencia, son recordados para concienciar sobre las consecuencias devastadoras de la intolerancia y el odio.
La final de la Copa del Rey en Sevilla se convirtió, así, en un escenario donde la pasión deportiva se entrelazó con la memoria histórica y las tensiones sociales latentes. La imagen de un himno nacional partido en dos, con silbidos y cánticos enfrentados, dejó una estampa de la afición española. Quedó dividida entre el recuerdo de una tragedia y la celebración del presente.
