El Pentágono plantea la suspensión de España de la OTAN, pero la expulsión es imposible
Un correo interno del Pentágono plantea la posibilidad de suspender a España de la OTAN como medida de castigo por su postura ante la guerra en Irán. Sin embargo, los estatutos de la Alianza Atlántica impiden la expulsión de cualquier país miembro. Esta circunstancia genera un escenario de tensión diplomática, pero sin consecuencias prácticas inmediatas para la permanencia española.
La controversia surge a raíz de un correo electrónico interno del Pentágono, filtrado a la agencia Reuters. En este documento, el Ejército estadounidense expone diversas opciones para sancionar a los aliados que, a su juicio, no han respaldado las operaciones militares en Oriente Medio. Entre las medidas contempladas figura la suspensión de España de la Alianza Atlántica. La frustración de Washington, y en particular del presidente Donald Trump, radica en la negativa de algunos aliados a conceder acceso a bases y derechos de sobrevuelo. Estos elementos son cruciales para la conducción de operaciones militares, como las llevadas a cabo en el contexto de la guerra con Irán. El mandatario estadounidense ha criticado en repetidas ocasiones la falta de implicación de los socios europeos en misiones recientes.
A pesar de las amenazas contenidas en el correo del Pentágono, el Tratado del Atlántico Norte (OTAN) no contempla ningún mecanismo para la expulsión o suspensión de un Estado miembro. Los catorce artículos que conforman el tratado no incluyen disposición alguna que permita apartar a un país de la Alianza en contra de su voluntad. La única vía para la salida de un miembro es la denuncia voluntaria del tratado, tal como se recoge en el artículo 13. Para que un país pudiera ser expulsado, sería necesario modificar el texto original del tratado. Este procedimiento, según el artículo 10, requiere el acuerdo unánime de todos los aliados, incluido el propio Estado objeto de la expulsión. En el actual clima geopolítico, con divisiones evidentes entre los miembros, lograr tal consenso se presenta como una tarea prácticamente imposible.
El ministro de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, Félix Bolaños, ha defendido la posición de España. La ha calificado como la de un "socio fiable y que cumple con sus compromisos". Bolaños ha asegurado que el Ejecutivo no tiene "ninguna preocupación" sobre la situación de España en la organización, a pesar de la filtración del correo. Ha resaltado, no obstante, que el Gobierno mantiene una "posición" clara en materia exterior. Esta se centra en la defensa de la paz y el multilateralismo. Esta postura contrasta con la de otros actores políticos. El líder del Partido Comunista y diputado de Sumar, Enrique Santiago, ha pedido directamente el abandono de la OTAN por parte de España. Desde el Partido Popular, se ha señalado que la credibilidad de España en la Alianza se recuperará cuando Pedro Sánchez deje el Gobierno.
La filtración del Pentágono se enmarca en un momento de alta tensión geopolítica. También afecta a la evolución de la relación atlántica bajo la administración Trump. Las decisiones del presidente estadounidense, a menudo calificadas de impredecibles por analistas internacionales, parecen estar influenciadas por intereses externos. La percepción en capitales europeas como Madrid, Roma y Bruselas es que Washington podría estar actuando bajo la influencia del gabinete de Benjamín Netanyahu. Esto forzaría una guerra contra Teherán que no cuenta con un consenso amplio ni con la soberanía de las decisiones adoptadas. Esta situación pone de manifiesto las divergencias existentes dentro de la propia Alianza. También evidencia la dificultad de forjar un frente común ante los desafíos globales.
La iniciativa del Pentágono, aunque carezca de base legal para expulsar a España, subraya las fricciones existentes. También la presión que ejerce Estados Unidos sobre sus aliados para alinear sus políticas exteriores. España, por su parte, reafirma su compromiso con la OTAN. Sin embargo, defiende su autonomía en la toma de decisiones. Esto es especialmente relevante en lo referente a conflictos bélicos que no considera propios ni consensuados internacionalmente.
Por qué Trump no puede echar a España de la OTAN.
Washington ha sido convencido por el gabinete de Benjamín Netanyahu para librar una guerra que no es ni soberana ni consensuada.
En esta nueva evolución de la relación atlántica, el punto de partida está marcado por un Trump incapaz de alcanzar sus objetivos geopolíticos.
En este sentido, sus decisiones, que confunden a buena parte de los analistas internacionales, parecen haber sido subcontratadas a intereses ajenos.
