Vuelta al cole ¿Centro seguro o facilitador de contagios?

Estamos siendo testigos del miedo, si no pánico, de algunos padres, a mandar a sus hijos al colegio. La evidencia demuestra que no es un miedo infundado, como podemos ver si repasamos la lista de colegios y universidades afectadas en Estados Unidos: listado del New York Times.

No podemos poner nada de España, porque el manejo de los datos aquí es tan medieval, que no nos permite enterarnos de lo que ocurre en España, con un mínimo de rigor.

Sugiero que guarden este artículo y se lo pasen a sus contactos, porque mañana puede necesitar alguna idea o referencia vertida en este artículo.

En síntesis:

La vuelta al colegio NO es segura

El temor de los padres SÍ es fundado

¿Es importante que los hijos SI vuelvan al colegio? Pero que lo hagan en condiciones realmente seguras, no con afirmaciones que no tienen más valor que los cantos de sirena o los brindes al sol

SÍ se puede volver de forma segura, si se resuelve el tema de la ventilación de forma profesional y no con un deseo escrito en un panfleto propagandístico que no garantiza nada y no puede evidenciar su incumplimiento

¿Qué se está haciendo mal para que la vuelta al colegio no sea segura?

Se está olvidando lo más importante: que el virus también se transmite por el aerosol, pasando a ser la forma más importante de transmisión en interiores. En el exterior, el aire libre, impide que alcance la carga viral necesaria para contagiar por este medio.

Las normas que se están dando, no todas sirven para interiores, ya que las normas que se están dando, sólo son eficaces en exteriores. La mascarilla es especialmente útil para no contagiar a la persona con la que estamos hablando a menos de dos metros mediante gotitas de saliva. En cuanto estamos en el interior, el efecto aerosol es el más importante, ya que el virus se disemina por todo el local, tal como hace el humo. En un local lo importante son dos factores: la concentración de personas (número de personas por metro cuadrado) y la ventilación. Dependiendo del número de personas y de la ventilación, una sola persona puede contagiar a todas las que comparte espacio y aire en un tiempo que depende mucho de las dimensiones del local y de la ventilación. Es por eso que, en los locales interiores, resulta vital tener bien diseñados el sistema de ventilación y climatización (aire acondicionado y bombas de calor).

Basta con mirar las recomendaciones que se hacen para la vuelta al colegio y las medidas que publicitan, para darse cuenta de que, por un lado, reconocen que la ventilación es un aspecto a considerar y, por otro, que no lo desarrollan porque ignoran su importancia y no tienen ni idea de lo que hay detrás de la palabra ventilar un edificio, lo que se entiende, porque esta pandemia está gestionado por mucho médico, algún economista y experto en estadística y ningún ingeniero experto en climatización ni en digitalización. El médico es una figura incuestionable, pero sólo es experto en medicina y no todos están a la última en lo que se refiere a nuevos descubrimientos de los mecanismos del contagio ni de la forma más adecuada de neutralizarlos.

Una evidencia de la falta de actualización es que se mete en el mismo saco a los asintomáticos y a los pre-sintomáticos cuando responden a patrones de contagio y sintomatología muy diferente. Los asintomáticos no desarrollan síntomas en ningún momento, y son responsables del 5% (aprox.) de los contagios; todo parece apuntar a que son personas con inmunidad celular previa a la pandemia que les permite defenderse bien de la infección. En cambio, los pre-sintomáticos contagian el 45% y no presentan síntomas, leves o graves hasta pasados unos días (5 de media, aproximadamente). Estos son los más peligrosos y de ahí la importancia de los rastreadores, para poderlos aislar antes de que contagien mucho.

Una consecuencia directa de esta falta de conocimiento actualizado sobre el Covid-19 es el tratamiento y el dinero que se están ahorrando en adecuar la ventilación de los colegios. Hay evidencias de que más del 90% de los contagios se producen en el interior de los edificios, incluyendo autobuses, metro y trenes debido a la falta de ventilación y a la recirculación que hace los equipos de climatización para mantener el ambiente confortable (frío en verano y cálido en invierno) para ahorrar energía.

Esa falta de actualización del conocimiento sobre el Covid-19, se traduce en el profundo desconocimiento de los españoles de las recomendaciones hechas para evitar los contagios en interiores.

Los españoles lo ignoramos, pero los alemanes no. De hecho, para Ángela Merkel, es una cuestión prioritaria la ventilación de los edificios y parece ser conocedora de las guías publicadas por Federation of European Heating, Ventilation and Air Conditioning Associations, para los edificios en general y para los colegios en particular. Especialmente interesante resulta esta guía gráfica, por su contenido gráfico y lo conciso de sus mensajes.

¿Qué hay que hacer con el edificio del colegio?

Sencillo, cumplir con  Las guías y recomendaciones de la Federation of European Heating, Ventilation and Air Conditioning Associations. En síntesis, lo que hay que hacer es:

  1. Ventilar. Esto dicho así, no es más que un brinde al sol, porque la ventilación es algo más que abrir una ventana de vez en cuando, sobre todo en un edificio mediano o grande:
    1. Hay que asegurarse de que el edificio recicla el aire lo suficiente para que ese aire, tomado del exterior, renueve en un tiempo determinado al que hay en el edificio, lo que dependerá, en parte, de las personas que haya en ese edificio.
    2. Hay que asegurarse de que el aire climatizado del interior no se recircula, lo que supondrá, sin duda, una mayor factura energética. También hay que asegurarse que el aire no supera cierta velocidad para que no disemine los aerosoles por todo el habitáculo. Hay que asegurarse de que el aire acondicionado no coge aire de un habitáculo y lo introduce en otro, aumentando la propagación del virus.
    3. Si se recirculara en parte, habría que poner filtros HEPA, para que ese aire salga al habitáculo, libre de virus.
  2. Medir. Como todo en la vida, lo que no se mide no se controla y lo que no se mide o no se supervisa, tampoco se puede garantizar que se cumpla. No vale ni con la intuición, ni con el buenismo; hay que medir y supervisar en tiempo real. No hay que decir que 100 personas se contagiaron por culpa del centro, no; habría que cerrar el centro que no cumple con la necesidad de mantener ventilado el edificio, antes de que esa negligencia provoque contagios y la supervisión digital en tiempo real es un recurso eficaz, valiosísimo y extremadamente barato que facilitaría esa necesidad de vigilancia. La medida directa, por desgracia, no es viable, pero la indirecta sí. De hecho, instalaciones avanzadas miden la concentración de CO₂, que es un buen índice del grado de ventilación del local. Un nivel de 800, requiere atención para aumentar la ventilación. Un índice de 1000 ha de conducir al desalojo del local y a tomar las medidas pertinentes para aumentar drásticamente la ventilación. Aprovechando “el empeño gubernamental” en la digitalización, habría que informar que, precisamente la interconexión digital de los sensores de CO₂, para que pueda ser supervisado por el profesor, el responsable de higiene y salud del centro y de un puesto central de la administración. Para que las autoridades no se fatiguen investigando, decirles que la mejor opción hoy, a diferencia de lo que dice la mencionada asociación, no es una interfaz web, sino una red abierta MQTT, estándar OASIS.
  3. Certificar. Lógicamente, lo mismo que un aficionado no prescribe medicinas a un enfermo, ni los médicos, ni los profesores, ni los alumnos, ni los padres, ni el personal administrativo, ni el personal de limpieza, pueden valorar si se cumplen con las recomendaciones dada por la Federation of European Heating, Ventilation and Air Conditioning Associations, en lo que se refiere a la adecuación de la climatización para conseguir un entorno de baja probabilidad de transmisión del virus, es necesario que dichas valoraciones sean realizadas por ingenieros industriales expertos en climatización, de forma que, los edificios, para poder estar abiertos en tiempo de pandemia, han de conseguir una certificación oficial que garantice que se cumplen con las recomendaciones establecidas por dicha federación.

¿Qué pasa con el trasporte escolar, autobuses y metro?

Lo mismo. Esos trasportes tienen que contar con un certificado de que la ventilación cumple con las exigencias necesarias de renovación de aire y con los instrumentos de medida para garantizar que no se alcanzan niveles de degradación que pongan en riesgo de contagio a los usuarios. Desgraciadamente no sólo no se hace nada sino que el ministerio de sanidad, en su guía denominada ESTRATEGIA DE DETECCIÓN PRECOZ, VIGILANCIA Y CONTROL DE COVID-19, revela hasta donde llega su posible incompetencia profesional para manejar este asunto al escribir:

Se considera contacto estrecho en un avión, tren u otro medio de transporte de largo recorrido (y siempre que sea posible el acceso a la identificación de los viajeros) a cualquier persona situada en un radio de dos asientos alrededor de un caso y a la tripulación o personal equivalente que haya tenido contacto con dicho caso.

Especial mención necesita lo de sea posible, cuando debería decir algo así como “seamos capaces”. Con eso refuerzan la posible incompetencia profesional, pues como todos podemos saber, no debería costar ningún trabajo identificar a la persona que compra un billete. De hecho, las compañías aéreas, lo hacen siempre. Es una cuestión de profesionalidad y nunca de imposibilidad material.

Además podemos observar que no distingue de un contacto en un sitio cerrado de un contacto en la calle, es decir, ignora el efecto aerosol de contagio y no sólo demuestran ignorancia y falta de actualización ante el nuevo conocimiento sobre la propagación del virus, sino que demuestran una falta de prudencia que bien podría ser punible, pues ante la posibilidad de que no fuese así, lo primero que deberían hacer es identificar a todo los viajeros para poder contrastar las trasnochadas reglas sanitarias con la realidad y poder actualizarlas. Al no hacerlo así, pueden estar seguros, por ceguera sanitaria, de que sólo se contagian los que están cerca, ignorando el resto y al ignorarlo crean la ficción de que no existen y así todos resultamos engañados. La típica trampa en el juego del solitario.

Además habla de largo recorrido, como si el virus distinguiera entre largo recorrido y corto recorrido. De esta forma, como no medimos, tampoco existe el contagio en autobuses de corto recorrido ni en el metro. Esta es otra videncia de las creencias auto-proféticas: como no mido el contagio en el transporte público de ciudad, no existe y así contribuimos a la propagación del virus, porque este virus, como el resto, ni toma en consideración las creencias humanas, ni sus deseos. Por supuesto, tampoco lee el BOE ni respeta las normas que le afecten. Simplemente y dicho en español castizo hace lo que le viene en gana.

¿Qué hay que hacer con nuestros hijos?

Pues muy sencillo: lo que en conciencia crean los padres que deben de hacer. Este punto de vista no es compartido por los comunistas que piensan que los hijos son del estado y que por lo tanto los padres no pueden impedir que los hijos vayan colegio, cumpliendo así con el principio escrito por Engels y Carlos Max en el manifiesto comunista, de “liberar a los hijos de la esclavitud de los padres”, algo que muchos habrán votado sin saber que lo estaban votando. Son las cosas del desconocimiento. Esa es la amenaza que ha hecho pública la fiscal de información vaginal, éxito asegurado: La Fiscalía investigará a los padres que no lleven a sus hijos al colegio reiteradamente sin una “justificación clara”. Quizás debería investigar también a los padres que llevan a sus hijos a centros donde no se garantizan con medidas fehacientes el nivel de ventilación durante la estancia de sus hijos en el colegio. Quizás eso sea más merecedor de reproche penal. Y por qué no a los responsables que no toman las medidas pertinentes para garantizar que la ventilación de los edificios impide la propagación por aerosol del coronavirus. No hacerlo es cuestión de desidia y seguramente, se esté incurriendo en un delito contra la salud de los niños y de sus padres y familiares con los que convive.

Como ya pueden imaginar, en mi opinión, el reparo que muestran los padres a no llevar a sus hijos con las medidas que están anunciando, me parece comprensible. Lo que no me parece comprensible, aunque dados los antecedentes conocidos, no me extrañe, es la actitud de la Fiscal General del Estado, más propia de una dictadura que de un estado de derecho.

Si se tomaran en serio la ventilación y actuaran de forma contundente, como la que proponemos, entonces entiendo que el riesgo de contagio no sería mayor que el de contagio en la calle, cumpliendo con las medidas que todos conocemos, en cuyo caso, yo sería partidario de llevar a los niños al colegio.

Doy por supuesto que deberían utilizar los tests de saliva frecuentemente, cada dos días o así, para poder detectar posibles contagios y actuar en consecuencia. Pero esto tampoco parece que lo vayan a implementar. Esos tests son muy baratos, cuestan unos 4 € y, aunque no sean tan precisos como los PCR, sí permiten hacerlos muy frecuentemente y detectar prematuramente personas contagiadas para aislar y hacer un seguimiento estrecho de sus compañeros de clase. Si se tiene una ventilación conforme a los parámetros mencionados aquí, se pueden esperar contagios, pero no masivos, como ocurre ahora en el interior de los edificios mal ventilados.

Hemos de pensar que el riesgo cero, solo lo disfrutan los difuntos. Los que estamos vivos, siempre tenemos un riesgo, no sólo de ser infectados, sino de ser atropellados, o que una teja nos caiga encima y nos hiera o mate. Ahora bien, una cosa es gestionarlo de forma que el riesgo sea mínimo y otra cosa mu distinta es ignorar la realidad y someternos a un riesgo muy superior al mínimo posible y razonable y, encima, lavarse las manos y engañarnos diciéndonos que la vuelta al colegio es segura porque han contratado más personas para la limpieza y se van a gastar una fortuna en desinfectantes. Así, igual reducen en un 0.1% el número de contagios. El grueso el 90% o más, se mitiga con la ventilación y para esa mitigación no hacen nada serio.

¿Cuál es mi consejo?

Muy sencillo, tanto si llevan a sus hijos al colegio, como si no, pidan al centro, de forma fehaciente, mediante burofax o carta certificada, que le den un certificado que garantice que los habitáculos del colegio, todos, cumplen con las normas de la Federation of European Heating, Ventilation and Air Conditioning Associations, para prevenir los contagios del Covid-19. Si los lleva, solicite también, cada día, que le den, por escrito, el nivel máximo de CO₂, al que ha estado sometido su hijo.

Obviamente, como no cumplen con esas exigencias, no le van a hacer ni caso, pero al menos queda constancia de algo que es científico y no es cuestionable por los políticos ni los jueces. Usted tiene, como padre, el derecho y la obligación de velar por la salud de sus hijos y con las normas actuales, esa salud no está garantizada, por no garantizar la ventilación necesaria, contando con la ventaja de que hasta los políticos reconocen esa necesidad, pero sin prestarle la atención necesaria que permita garantizarla que, al final se resume en garantizar que la clase de su hijo, no supera los 800 ppm de CO₂.

Por otro lado, si deciden llevar al colegio a sus hijos y estas medidas no son tomadas, siempre puede ponerse de acuerdo con varios padres y comprar entre todos un medidor de CO₂ que puede encontrar con una calidad aceptable por algo más de 100 € y que uno de los hijos, lo puede llevar en la mochila de forma que mida continuamente el CO₂ que respira y lo deje registrado. A la vuelta del colegio, podrá mirar los valores medidos y si pasa de 1000 ppm, podrá denunciar al colegio por someter a sus hijos a un riesgo de contagio del virus, por falta de ventilación. La necesidad de cumplir con ese requisito, lo reconoce la administración. El valor máximo permitido lo determina la Federation of European Heating, Ventilation and Air Conditioning Associations. El trabajo del juez es elemental: comprueba que la administración reconoce la necesidad de ventilar y que no hace nada para garantizarlo y que el padre lleva una medida que supera el valor establecido por una sociedad científica, con lo que el delito contra la salud de su hijo quedaría acreditado. Solo falta un juez que juzgue de forma racional y eso es otra cuestión, tal como se esfuerzan en demostrar todos los días con sus sentencias.

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