¿Rusia cierra el grifo a Alemania? El futuro del oleoducto Druzhba en vilo
Rusia cumple sus amenazas y pone a Alemania contra las cuerdas. El vital oleoducto Druzhba, la principal arteria de suministro de crudo ruso a Europa Central durante décadas, se enfrenta a un cierre inminente. Este corte, orquestado por el Kremlin, pone en jaque a la economía alemana y reaviva la dependencia energética del país, especialmente tras su decisión de abandonar la energía nuclear.
Hasta el estallido de la invasión rusa de Ucrania en 2022, el oleoducto Druzhba, inaugurado en 1963, transportó más de mil millones de toneladas de crudo ruso. Una cifra que evidencia la profunda interconexión energética que ahora se tambalea. La refinería PCK de Schwedt, crucial para abastecer a Berlín y su área metropolitana, se encuentra en el epicentro de esta crisis. De hecho, uno de cada diez vehículos en Berlín y Brandeburgo dependen directamente del combustible que sale de esta planta.
Alemania, en un brete energético
La decisión de Alemania de prescindir de la energía nuclear tras la catástrofe de Fukushima en 2011 ha magnificado su vulnerabilidad. Con todos sus reactores desconectados, el país se ha vuelto extraordinariamente dependiente de fuentes de energía extranjeras. El potencial cierre del oleoducto Druzhba supone, por tanto, un golpe especialmente duro para su seguridad energética.
El presidente regional de Brandeburgo, Dietmar Woidke, ha intentado lanzar un mensaje de calma. Afirma que, a pesar del corte, la refinería de Schwedt aún podría operar al 80% de su capacidad en mayo, asegurando el suministro de combustible. Sin embargo, la advertencia es clara: «el tiempo de mayo debe usarse para obtener cantidades alternativas de petróleo». La mirada se dirige ahora hacia el puerto de Gdansk, en Polonia, como posible vía para aumentar los volúmenes de crudo que llegan a Alemania.
Un oleoducto marcado por la tensión geopolítica
La historia reciente del oleoducto Druzhba está salpicada de incidentes y disputas geopolíticas. Eslovaquia, por ejemplo, vio cómo se reanudaba el suministro de crudo ruso tras una interrupción de tres meses. Bratislava atribuyó el parón a una supuesta ralentización del bombeo por parte de Kiev. Hungría, por su parte, ha utilizado el flujo de petróleo como moneda de cambio en negociaciones políticas, condicionando préstamos a Ucrania a la reapertura de este vital conducto.
Estos episodios subrayan la fragilidad de la infraestructura y su papel como herramienta de presión en el complejo tablero geopolítico europeo. Mientras Rusia aprieta las tuercas, Alemania y otros países de la región buscan desesperadamente diversificar sus fuentes de energía para evitar una crisis de suministro sin precedentes. El futuro del oleoducto Druzhba, y con él la estabilidad energética de Europa, pende de un hilo.






