Economía

El PIB se desploma y la propaganda del Kremlin se desmorona

El relato oficial del Kremlin sobre la fortaleza de la economía rusa empieza a desmoronarse. Tras más de cuatro años de guerra en Ucrania, la situación económica de Rusia se resquebraja de forma evidente. El viceprimer ministro ruso, Alexander Novak, ha anunciado esta semana un drástico recorte en la previsión de crecimiento económico para el país, que pasa del 1,3% al escaso 0,4% en 2026. Este dato, que desmonta la propaganda del Kremlin, se atribuye a la escasez de mano de obra, un gasto público descontrolado y el impacto de las sanciones occidentales.

El pinchazo de la burbuja rusa

La férrea determinación de Estados Unidos y Europa por aplastar la economía rusa, especialmente su industria, tras la invasión de Ucrania en febrero de 2022, parece estar dando sus frutos. Aunque las previsiones iniciales apuntaban a una destrucción inmediata, la realidad es una lenta erosión que ahora empieza a ser innegable. Las sanciones, que se siguen imponiendo de forma continua, están afectando a grandes empresas y planteando problemas graves a los responsables políticos rusos, obligados a lidiar con las limitaciones estructurales del llamado "keynesianismo militar".

Sanciones que erosionan el gigante

La Unión Europea, consciente de la fragilidad rusa, está diseñando una estrategia de doble vía. Por un lado, se prepara el paquete número 21 de sanciones, enfocado en el complejo industrial militar de Rusia, con el objetivo de privarle de la financiación bélica. Estas medidas, que se espera aprueben en junio, coincidirán con el primer pago de un préstamo de 9.000 millones de euros de la UE para la defensa ucraniana. La derrota de Viktor Orbán en Hungría ha facilitado la concesión de este crédito, evidenciando un frente unido contra la agresión rusa.

El gasto militar, un agujero negro

Rusia recurre a mecanismos opacos para ocultar su verdadero gasto militar y proyectar una imagen de prosperidad. El Kremlin clasifica gran parte de sus gastos como "confidencial" y utiliza partidas presupuestarias poco claras para financiar su complejo militar-industrial. Según análisis del Servicio Federal de Inteligencia alemán (BND), el presupuesto real de Defensa ruso podría ser hasta un 66% superior al declarado. Se estima que el gasto militar se ha triplicado entre 2021 y 2025, alcanzando los 250.000 millones de euros, lo que representa la mitad del presupuesto anual del país y alrededor del 10% del PIB. Este descomunal esfuerzo presupuestario se produce a pesar de la disminución de los ingresos energéticos y de la ralentización del avance militar en Ucrania.

El eco de la guerra en España

La guerra en Ucrania y las sanciones a Rusia también tienen un eco en España. El tráfico marítimo frente a las costas españolas, especialmente en rutas como las de Canarias, el mar de Alborán y el estrecho de Gibraltar, ya no se considera solo una cuestión comercial. La seguridad marítima nacional se ve afectada por la presencia de una flota "fantasma" rusa, vinculada al transporte y transbordo de hidrocarburos de origen ruso, venezolano e iraní. La Armada española detecta una media de 50 de estos buques semanales cerca de Canarias, una cifra que se quintuplicó durante 2025, encendiendo todas las alarmas ante los riesgos sobre infraestructuras críticas.

La economía rusa se queda sin comodines contra Ucrania. El presidente de EE.UU., Donald Trump, llegó a decir a Volodímir Zelenski en la Casa Blanca que "usted no tiene cartas" en la baraja de la guerra contra Rusia. Desde entonces, Trump ha cortado la ayuda material a Ucrania y levantado parte de las sanciones a Moscú. Paradójicamente, es Rusia quien parece tener menos cartas cada día.

Esta semana, Moscú ha rebajado su previsión de crecimiento al 0,4% para este año. Esto significa una recesión, ya que ambas instituciones creen que los datos oficiales rusos exageran el crecimiento del PIB en al menos seis décimas. Incluso con el precio del petróleo rondando los 100 dólares, Rusia no es capaz de lanzarse al crecimiento, debido, en buena medida, a su descomunal gasto en defensa, que oficialmente alcanza el 6,3% del PIB pero que en realidad podría ser más del doble.

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