Economía

¿El precio oculto del filete precortado en el súper?

La comodidad tiene un precio, y en la pescadería del supermercado, ese precio a veces se esconde en la bandeja. Mientras las grandes cadenas apuestan fuerte por el libre servicio, ofreciendo pescado ya fileteado y listo para cocinar, muchos consumidores se preguntan si esa facilidad se traduce en un sobrecoste. La respuesta, como casi siempre, no es un simple sí o no: depende del tipo de pescado y de cómo te lo sirvan.

Olvídate de la idea de que comprar pescado en bandeja es siempre más caro. La realidad es más matizada. Si buscas una pieza grande, como una merluza entera o un rodaballo sin elaborar, la diferencia de precio con respecto a comprarla en la pescadería tradicional apenas se notará. El coste final se mantiene bastante similar, y la comodidad de no tener que pedir ni esperar se lleva el aplauso.

El sobrecoste oculto en el pescado en bandeja

Pero aquí viene el giro: cuando la cosa se pone fina, el bolsillo lo nota. Hablamos de pescados más pequeños o, sobre todo, de esos filetes y raciones que nos ahorran el trabajo de limpiar y cortar. En estos formatos, el sobreprecio del pescado en bandeja se vuelve evidente. Un ejemplo claro es la dorada: fileteada y lista para la sartén, puede llegar a costar hasta un 27% más que si la compras entera y la preparas en casa.

Esta diferencia se explica por varios factores. El proceso de fileteado, envasado y la presentación en bandeja implican costes adicionales para la cadena de supermercados. Además, el desperdicio que se genera al obtener esos cortes perfectos recae sobre el producto final. En cambio, en la pescadería de barrio, el profesional puede adaptar el corte a tu gusto y optimizar el aprovechamiento de la pieza, algo que se refleja en el precio.

¿Cuándo compensa la pescadería tradicional?

Así que, la próxima vez que te enfrentes a la elección entre la vitrina refrigerada del súper y el mostrador de tu pescadero de confianza, ten en cuenta qué buscas. Si tienes prisa y quieres algo rápido, la bandeja puede ser tu aliada, asumiendo un pequeño extra. Pero si el tiempo no apremia y buscas la mejor relación calidad-precio, el trato directo y la experiencia del pescadero siguen siendo insuperables.

El pescado en bandeja gana terreno en los supermercados, desplazando a la clásica pescadería de los mercados en favor del libre servicio. Las cadenas priorizan formatos rápidos y fáciles de gestionar, pero la pregunta persiste: ¿pagamos más por el pescado limpio y preparado? La respuesta varía según la especie y el formato. En piezas pequeñas o elaboraciones listas para cocinar, el sobreprecio es notable: la dorada fileteada puede costar hasta un 27% más, y la lubina preparada, cerca de un 45%. En cambio, para cortes equivalentes de merluza o salmón, las diferencias son mínimas. Los supermercados transforman su oferta, reduciendo espacio a la pescadería tradicional para dar cabida a neveras con pescado empaquetado, buscando ofrecer comodidad al cliente y simplificar la operativa interna.

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