Política

Teresa Peramato fulmina a la fiscal que delató a García Ortiz y premia a sus afines

Teresa Peramato ha vuelto a demostrar que su promesa de 'sanar heridas' en el Ministerio Público era papel mojado. La Fiscal General del Estado ha consumado una purga implacable, fulminando a la fiscal que se atrevió a plantar cara a su predecesor, Álvaro García Ortiz, mientras asciende sin disimulo a quienes le fueron afines. Un movimiento que dinamita la credibilidad de la institución y confirma el ajuste de cuentas que se vive en la cúpula fiscal.

La noticia más impactante es la no revalidación en su cargo de Almudena Lastra, hasta ahora fiscal superior de Madrid. Lastra, una figura con peso en el escalafón, fue la voz crítica que delató a García Ortiz cuando este filtró datos reservados del empresario Alberto González Amador, pareja de Isabel Díaz Ayuso. Lastra actuó como testigo de cargo en el juicio contra García Ortiz, un gesto que, a todas luces, le ha costado el puesto.

En contraste, el Consejo Fiscal ha sido testigo del ascenso de Pilar Rodríguez. Esta fiscal, jefa provincial de Madrid, fue precisamente quien proporcionó los correos del novio de Ayuso a García Ortiz, un acto de lealtad que ahora se ve recompensado con un puesto de fiscal del Tribunal Supremo. Rodríguez, junto a la propia Teresa Peramato y otros ascendidos, acudió además a apoyar a García Ortiz durante las sesiones de su juicio en el Tribunal Supremo el pasado noviembre. Una fotografía de apoyo que ahora se traduce en promociones y blindaje para los 'suyos'.

La purga de Teresa Peramato: aliados y críticos en Fiscalía

Este movimiento de fichas por parte de Teresa Peramato no es un hecho aislado, sino la continuación de una estrategia para consolidar a los aliados del ex fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, y apartar a sus críticos. La promesa inicial de Peramato de «sanar» las divisiones internas del Ministerio Público ha quedado en papel mojado, dando paso a una gestión que parece priorizar la lealtad por encima del mérito o la independencia.

La decisión de no revalidar a Lastra, una fiscal con una trayectoria consolidada y que actuó conforme a la legalidad en un momento delicado, envía un mensaje claro a la carrera fiscal: la disidencia no será tolerada. En su lugar, Peramato ha propuesto para el cargo de fiscal superior de Madrid a una fiscal que se alinea claramente con la corriente de García Ortiz.

El velo de opacidad sobre García Ortiz y la gestión de Peramato

La sombra de Álvaro García Ortiz no solo planea sobre los nombramientos, sino también sobre la transparencia de la propia Fiscalía. La actual Fiscal General, Teresa Peramato, se niega de manera sistemática a hacer público el decreto por el que García Ortiz sigue ejerciendo como fiscal de lo Social del Tribunal Supremo. Esto ocurre a pesar de la condena contra él por revelación de secretos y las peticiones de transparencia de la Asociación de Fiscales y del Partido Popular en el Senado.

Peramato no solo no abrió un expediente sancionador a García Ortiz, sino que recurrió su condena al Tribunal Constitucional, aprobó un decreto para mantenerle en la Fiscalía y ha llegado a pedir su indulto. Esta actitud de opacidad se alinea con la del Gobierno de Pedro Sánchez, que se escabulle del control parlamentario y se niega a facilitar documentos en temas de interés público, extendiendo una preocupante falta de claridad a las instituciones del Estado.

Las urnas avalan la crítica a la UPF en la carrera fiscal

En este convulso escenario, la carrera fiscal ha expresado su descontento de forma contundente en las recientes elecciones al Consejo Fiscal. La votación, celebrada este martes, ha supuesto un nuevo varapalo para la Unión Progresista de Fiscales (UPF), la asociación a la que pertenecen Teresa Peramato y Álvaro García Ortiz.

La UPF ha obtenido solo dos vocalías, mientras que la mayoritaria Asociación de Fiscales (AF) ha logrado seis, consolidando de nuevo una clara mayoría en el principal órgano consultivo del fiscal general del Estado. Con una elevada participación del 79,94%, los votos de la AF representan el 66,06% del total, frente al escaso 22,20% de la UPF. Un resultado que la presidenta de la AF, Cristina Dexeus, ha calificado como el «reflejo de un trabajo serio, coherente y continuado en defensa de la institución», y que evidencia la transversalidad de su asociación frente a la polarización que parece reinar en la cúpula.

La carrera fiscal ha hablado en las urnas, pero las decisiones de Peramato parecen ir en dirección contraria, profundizando las heridas que prometió sanar y consolidando un modelo de gestión que prioriza la lealtad a la cúpula sobre la independencia y el mérito profesional.

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