Beatriz y Eugenia de York, al margen de la Corona por el escándalo de su padre
La familia real británica atraviesa un momento de máxima turbulencia. Tras el escándalo que salpicó al expríncipe Andrés por su vinculación con el caso Jeffrey Epstein y la sombra que también cayó sobre su exmujer Sarah Ferguson, las consecuencias ahora se ciernen sobre sus hijas: las princesas Beatriz y Eugenia de York. Un nuevo revés, derivado directamente de la caída en desgracia de su padre, ha puesto a las nietas de Isabel II en el punto de mira, afectando su presencia en eventos clave y generando una creciente preocupación por su reputación.
El Royal Ascot marca la distancia de la Corona
El epicentro de esta nueva crisis se sitúa en la exclusión de las princesas Beatriz y Eugenia de York de la tradicional procesión de carruajes del Royal Ascot, uno de los eventos ecuestres más prestigiosos y un escaparate de la monarquía británica. Este veto, que fuentes del entorno real califican como un gesto de "perfil bajo" para salvaguardar la imagen de la Corona, supone un duro golpe para las hermanas. Aunque no son miembros activos de la "firma" real, su ausencia en citas institucionales como esta se interpreta como un claro indicativo de la distancia que la Casa Real busca marcar tras el escándalo del caso Epstein.
La caída en desgracia del expríncipe Andrés ha tenido un profundo efecto colateral, y los tentáculos del caso Epstein se extienden a todos los niveles. Todo lo que tiene que ver con la familia del Duque de York adquiere un rango de "apestado", y eso, inevitablemente, salpica a sus hijas. La exclusión de Beatriz y Eugenia del Royal Ascot, un evento en el que solían dejarse ver con naturalidad junto a otros miembros de la realeza, subraya la magnitud del daño reputacional. Este gesto protocolario ha generado un sentimiento de "abandono" entre las princesas, quienes temen que sus privilegios y títulos puedan verse comprometidos por los actos de sus progenitores.
Repercusiones en la dinámica familiar y educativa
La situación se agrava al considerar el contexto familiar. El propio rey Carlos III, quien siempre mantuvo cierta estima por las hijas de su hermano, parece haber iniciado un proceso de distanciamiento. El malestar comenzó a tomar forma a finales de enero, cuando los padres de las princesas abandonaron el Royal Lodge de Windsor, tensando aún más las relaciones familiares. Ahora, la negativa a invitarlas al Royal Ascot adquiere un simbolismo inequívoco, sugiriendo un aislamiento progresivo dentro de la estructura monárquica.
Mientras el escándalo de su padre continúa proyectando una larga sombra, la vida privada de Beatriz de York también se ve analizada bajo la lupa. Su marido, Edoardo Mapelli Mozzi, ha sido objeto de escrutinio mediático, con especulaciones sobre su posible divorcio para proteger sus intereses. Incluso la educación de su hijastro, Wolfie, ha cobrado relevancia, vinculándose a la posible asistencia al exclusivo Eton College, colegio que también se perfila como opción para el príncipe George. Estos detalles, aunque aparentemente ajenos al escándalo principal, contribuyen a la narrativa de inestabilidad y escrutinio constante que rodea a las nietas de la reina Isabel II en estos momentos críticos para la familia real británica.
El hijastro de Beatriz de York, Wolfie, podría asistir al exclusivo Eton College, un colegio que también se perfila como opción para el príncipe George. Aún no se ha confirmado la escuela a la que acudirá el príncipe George para comenzar la educación secundaria a partir de septiembre, pero Eton College se perfila como una de las mejores opciones. La princesa Beatriz de York, de 37 años, fue vista supuestamente visitando Eton College a principios de este mes como una posible escuela para su hijastro Wolfie, de 10 años. Se cree que Eton College es la opción principal para el príncipe George, de 12 años. Este elitista colegio cuesta al año más de 60.000 libras (70.000 euros) y también podría ser una muy buena opción para Wolfie, el hijo que el marido de la princesa, Edoardo Mapelli Mozzi, tuvo con su expareja, Dara Huang, ya que se encuentra a poco más de una hora de la mansión que la pareja tiene en los Cotswolds y que está valorada en 4 millones de euros. Aunque su madre es estadounidense, Wolfie reside en Reino Unido, después de que su padre comprara una casa adosada en el barrio de Chelsea en 2024.






