España revoluciona su empleo: adiós al ‘esto es lo que hay’ frente a la IA
El mercado laboral español vive un momento crucial, dejando atrás décadas de resignación ante la temporalidad y los salarios bajos. La frase "esto es lo que hay" se había incrustado como una verdad inamovible sobre la economía española. Se nos convenció de que la temporalidad era estructural y los sueldos precarios, un mal necesario para el empleo. La precariedad marcó la vida de millones, impidiendo la emancipación y la estabilidad familiar. Demostramos que esta resignación era una decisión política, no una ley económica inmutable. Hoy, España crece al doble que la media de la Unión Europea y ha generado el 41% del empleo total de la UE, superando los 22 millones de afiliados a la Seguridad Social. Estas cifras significan oportunidades y estabilidad para millones de personas, evidenciando un cambio de paradigma posible.
La inteligencia artificial redefine el empleo en España
Sin embargo, este nuevo escenario se ve ahora alterado por la irrupción de la inteligencia artificial generativa. Esta tecnología plantea interrogantes fundamentales sobre la organización del trabajo y la estructura del empleo. Los análisis sitúan a España en una posición de exposición media-alta a la IA respecto a la media de la OCDE. La adopción empresarial de estas tecnologías se está acelerando: el 21,1% de las empresas con diez o más empleados ya utilizan al menos una tecnología de IA, frente al 12,4% de hace dos años. La evidencia microeconómica confirma ganancias de productividad significativas en entornos controlados, aunque la traducción de estas ganancias a nivel macroeconómico sigue siendo objeto de debate.
Del pasado precario a la transformación actual
Mirando al pasado, la incorporación de España a la CEE hace 40 años inició una profunda transformación. Históricamente, España se ha caracterizado por un tejido productivo insuficiente que resultaba en altas tasas de desempleo en comparación con la UE. El modelo económico dependía excesivamente de actividades estacionales como el turismo y la agricultura, con una base industrial limitada y la presencia irregular de sectores dependientes de burbujas, como el inmobiliario. En este contexto de escasa productividad, los bajos salarios y la precariedad en la contratación se concibieron como las principales ventajas comparativas. Las sucesivas reformas laborales profundizaron esta lógica, convirtiendo la temporalidad en la forma de ajuste externo de las empresas y el despido en el método de adaptación del volumen de trabajo a los ciclos económicos.
Adaptación proactiva al nuevo panorama laboral
La nueva realidad laboral exige una adaptación proactiva a los cambios tecnológicos. La inteligencia artificial redefine las habilidades necesarias y la estructura de los empleos, presentando retos y oportunidades para el mercado laboral. España tiene la posibilidad de liderar esta transición si se abordan estos desafíos de manera estratégica. La Estrategia Española de Seguridad y Salud en el Trabajo 2023-2027 ya señala la anticipación a los riesgos derivados de las transiciones digital y ecológica como ejes prioritarios. Este nuevo marco busca lograr entornos de trabajo seguros y saludables, contribuyendo positivamente a la salud de los trabajadores y al progreso de las empresas y la sociedad en su conjunto. Se marca así un claro alejamiento del resignado "esto es lo que hay" del pasado.
Durante muchos años, en España se repitió una frase que terminó por calar como una verdad indiscutible: "esto es lo que hay". Se nos dijo que la temporalidad era un rasgo estructural de nuestra economía, que los salarios bajos eran el precio inevitable para tener empleo y que, en cada crisis, había que despedir y recortar. Esa forma de entender la economía también marcó la vida de millones de personas. Detrás de cada contrato temporal había un joven que no podía emanciparse, detrás de cada salario bajo, familias que no llegaban a fin de mes, y detrás de cada despido, proyectos de vida que se rompían. Lo que hemos hecho estos años ha sido demostrar que aquella resignación no era una ley económica, sino una decisión política. Y, sobre todo, que era posible ganar esa batalla cultural frente a un discurso neoliberal que había conseguido presentarse como la única alternativa. Hoy España crece el doble que la media de la Unión Europea, ha creado el 41% del empleo de toda la UE, el número de autónomos está en récord (3.431.797) y hemos superado por primera vez los 22 millones de afiliados a la Seguridad Social.






