El mundo bate récords y nos deja atrás
Un terremoto sacude el sector energético español. Mientras el planeta se lanza a una carrera frenética por las renovables, España pisa el freno. La inversión en energía renovable, clave para el futuro y la sostenibilidad, ha caído por segundo año consecutivo en nuestro país. Este giro dramático contrasta con el récord mundial. ¿Estamos perdiendo el tren de la revolución verde?
Los datos son demoledores. Pese a que la inversión global en transición energética marcó un hito histórico en 2025, el ritmo inversor en España se desplomó. De 36.100 millones de dólares en 2023, pasamos a unos pírricos 26.900 millones en 2025, tras un descenso también en 2024. El sector fotovoltaico, que debería ser nuestra joya de la corona, sufrió una caída del 41% en la inversión. La eólica no le fue a la zaga, con un descenso del 76%. ¿Los culpables? El aumento de riesgos por el precio del mercado mayorista, los vertidos a la red y la volatilidad, con un incremento alarmante de horas con precios negativos o muy bajos.
Mientras tanto, la transición energética a nivel global entra en una fase decisiva. La Agencia Internacional de la Energía (IEA) pronostica que la capacidad renovable mundial se multiplicará por 2,7 antes de 2030, con la solar fotovoltaica y la eólica a la cabeza. Un crecimiento que consolida la electrificación como la gran apuesta del futuro, aunque exige una coordinación brutal para garantizar flexibilidad y seguridad de suministro. España, con cerca de 32 GW de potencia solar instalada a cierre de 2024, tiene el potencial, pero la inversión se esfuma.
Pero no todo es falta de inversión. Una nueva amenaza se cierne sobre la infraestructura energética europea: el boom del almacenamiento de información y la inteligencia artificial. Expertos y analistas advierten que la red del Viejo Continente no está preparada para la demanda energética brutal que exige el procesamiento de datos. Esta industria ya consume el 2,6% de la energía europea y podría superar el 3,2% para 2030. Una situación que abre una oportunidad de oro para las energías limpias, si somos capaces de suministrarla.
España, a contracorriente en la carrera verde
La situación actual de la energía renovable nos obliga a mirar de cerca nuestra factura. Estar al tanto de la evolución del precio de la luz es crucial para gestionar nuestro consumo y ajustarlo al presupuesto familiar. Las fluctuaciones han sido constantes: en 2024, el precio medio de la factura mensual fue de 61,90 euros/MWh, reflejando la volatilidad del mercado por la demanda estacional, la producción renovable y el contexto geopolítico. 2025 no fue mejor, convirtiéndose en el cuarto año con la factura media más cara desde la creación de la tarifa PVPC, con 69,34 euros al mes. Un escenario que exige decisiones de eficiencia energética y una política clara.
Este panorama, lejos de ser desalentador para todos, presenta una oportunidad de oro para los inversores audaces. El sector energético sigue siendo un foco de atención en bolsa. Para aquellos que buscan las acciones más fuertes, seleccionadas por criterios cuantitativos, el momento es ahora. La clave está en centrar las inversiones en las empresas con mayor fortaleza y perspectivas de crecimiento, especialmente ante la creciente demanda de energía limpia para el sector tecnológico.
Las energéticas del IBEX 35: ¿oportunidad o trampa?
Si ponemos la lupa en las principales energéticas del IBEX 35, el comportamiento para el ejercicio 2026 genera expectativas. El consenso de mercado apunta a Redeia (REE) como el único valor del sector con una recomendación de compra. Una señal clara de que, incluso en un contexto de incertidumbre y frenazo inversor en España, hay compañías que destacan por su potencial y solidez.
La situación es paradójica. Mientras España se rezaga en la inversión en nuevas capacidades renovables, el mundo avanza a pasos agigantados. La demanda energética no para de crecer, impulsada por la digitalización, y la necesidad de una transición efectiva es más urgente que nunca. La pregunta es si nuestro país será capaz de revertir esta tendencia negativa y aprovechar la ola de la energía renovable global, o si se quedará atrás, pagando un precio muy alto por la inacción.






