El ‘repugnante otro’: la fórmula que desnuda la guerra política colombiana
La política colombiana, sumida en una profunda polarización, ha encontrado en la figura del 'repugnante otro' el espejo perfecto de su fractura social. Una definición acuñada por el sociólogo Carlos de la Torre para describir al expresidente ecuatoriano Abdalá Bucaram, que hoy resuena con fuerza en el debate nacional. Lejos de ser un mero insulto, el concepto encapsula la estrategia de demonización del adversario que ha reducido el espectro político a una elección entre dos extremos irreconciliables.
El Lenguaje de la Polarización en América Latina
En América Latina, las ofensas y descalificaciones entre líderes políticos han dejado de ser un hecho aislado para convertirse en noticia recurrente. Figuras como el presidente argentino Javier Milei, que tacha a sus oponentes de "mandriles" o "repugnantes", o las respuestas de otros mandatarios, evidencian un estilo de comunicación agresivo y visceral. Este fenómeno, lejos de ser exclusivo de Argentina, se ha extendido por la región, transformando el debate público en un campo de batalla verbal donde la argumentación cede paso al ataque personal.
El sociólogo Carlos de la Torre, en su análisis sobre la polarización, definió a Abdalá Bucaram como "el repugnante otro". Esta expresión no solo capturó la esencia de la división política y social que vivió Ecuador, sino que también se ha convertido en una herramienta conceptual para entender dinámicas similares en otros países, incluida Colombia. Bucaram, con su estilo vulgar, arrogante y provocador, representaba para sus detractores la irrupción de lo marginal en la esfera del poder, desafiando las convenciones de la "gente bien" y exhibiendo aquello que las élites preferían mantener oculto.
Colombia: ¿Elección o Rechazo al 'Repugnante Otro'?
La campaña presidencial que actualmente vive Colombia ha simplificado drásticamente el debate nacional. La contienda se ha reducido a una elección entre dos polos opuestos, una realidad que, si bien no es nueva, ha escalado en intensidad. Las redes sociales, con su capacidad para amplificar discursos radicales y crear burbujas de fanatismo, han jugado un papel crucial en esta dinámica. Los algoritmos y la desinformación contribuyen a encerrar a los ciudadanos en sus propias visiones del mundo, dificultando el consenso y fomentando el miedo al adversario.
En este contexto, la elección entre candidatos se ha transformado más en una disputa ideológica y emocional que en un debate sobre propuestas concretas. La inmensa mayoría de los ciudadanos parece inclinarse a votar más por el rechazo al contrario, al 'repugnante otro', que por una convicción profunda hacia su propio candidato. Cada uno representa una visión radicalmente distinta del país, y la campaña se ha convertido en un reflejo de esa fractura.
Bucaram y Milei: Símbolos del Adversario Demonizado
La figura de Bucaram, con su retórica procaz y su desprecio por las normas establecidas, encuentra ecos en líderes contemporáneos. El propio Javier Milei ha sido calificado por Nicolás Maduro como "malparido" y "basura", demostrando que el intercambio de epítetos ofensivos es una constante en la política latinoamericana. Estos líderes, a través de su lenguaje, buscan no solo convencer, sino dominar, manipular y descontextualizar la realidad para adaptarla a sus intereses.
El lenguaje político se ha convertido en una herramienta de poder, y los líderes se transforman en "rock stars" o "políticos para espectadores", guiados por la emotividad. La antigua oratoria basada en argumentos ha cedido paso a un estilo que privilegia el impacto inmediato y la movilización emocional. En Colombia, esta tendencia se manifiesta en una guerra política donde el "otro" es sistemáticamente deshumanizado y convertido en el 'repugnante otro', un adversario al que no se busca comprender, sino aniquilar.
El Futuro de la Política Colombiana: ¿Superar la Fórmula del 'Repugnante Otro'?
La profunda polarización que atraviesa Colombia, y que se refleja en la adopción de estrategias de "el repugnante otro", plantea serios interrogantes sobre el futuro del debate democrático. La incapacidad de construir consensos y la tendencia a reducir la política a una lucha entre identidades irreconciliables amenazan con erosionar aún más el tejido social. El desafío para el país reside en trascender esta dinámica de confrontación y buscar vías para un diálogo constructivo, donde las diferencias se aborden desde el respeto y la búsqueda de soluciones comunes, en lugar de la demonización del adversario.
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