El español, humillado y arrinconado en su propia tierra
La selectividad vasca ha encendido todas las alarmas en España. Lo que parecía un problema localizado se ha convertido en una humillación sin precedentes, con el País Vasco en el epicentro de la tormenta. La reciente avalancha de ceros y suspensos en el examen de euskera de la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU) para cientos de estudiantes del Modelo A ha destapado una realidad que muchos se resistían a creer: el castellano está siendo arrinconado en su propia casa.
Este giro radical no es un hecho aislado. Se suma a otras controversias recientes, como el veto inicial al idioma en las ruedas de prensa de la Copa del Mundo, que evidencian una preocupante tendencia. El derecho innegociable a estudiar en la lengua materna, la lengua común de todos los ciudadanos de España, parece estar en entredicho en comunidades como la vasca.
El Modelo A, bajo el punto de mira de la Selectividad
La situación en la PAU vasca ha desatado una ola de indignación. Cientos de alumnos de colegios concertados, que cursan sus estudios principalmente en español bajo el Modelo A, se han encontrado con una barrera insalvable. Un grupo de 150 estudiantes ha registrado 60 ceros y 40 notas por debajo del 2 en euskera, una asignatura troncal que puede dinamitar sus opciones de futuro universitario. Y lo más sangrante: muchos de ellos cuentan con expedientes brillantes y títulos oficiales de euskera, incluso un nivel B2.
La indignación es palpable. Una profesora de euskera del colegio Carmen Indautxu ha relatado casos incomprensibles, como el de una alumna con nivel B2 en vasco que cursa Biología en ese idioma, saca un ocho en el examen de Biología, pero obtiene un lamentable 0,5 en la prueba de euskera de la PAU. Estas situaciones, lejos de ser aisladas, se concentran en centros específicos, lo que ha llevado a acusaciones directas de discriminación lingüística.
El mensaje parece claro y contundente: si no eliges el Modelo D, que vehiculiza la enseñanza en euskera, tendrás problemas. Esta purga lingüística en la Selectividad no es un simple fallo, es una muestra de soberbia y una total desconexión con la realidad de miles de jóvenes que ven cómo su esfuerzo se tira por tierra. El objetivo, según denuncian, es arrinconar el español para poner en valor el euskera, con el riesgo de una previsible fuga de talento de la región.
La paradoja del español: discriminado en casa, valorado fuera
Mientras la batalla por el español se libra en su propio territorio, nuestro idioma brilla con luz propia en el escenario global. Uno de cada diez estudiantes de español como lengua extranjera se encuentra en África, un continente donde el crecimiento y la construcción de la presencia de nuestro idioma son inmensos. Este contraste es desolador: el castellano es una lengua de futuro y expansión en el mundo, pero en algunas zonas de España se le persigue y se le intenta esconder.
La defensa de la lengua común no puede ser una cuestión política. Es un derecho fundamental y un pilar de nuestra identidad. Intentar esconder el español en su propia casa no es un fallo logístico, es un ataque directo a la libertad de elección y un atropello a los alumnos. La sociedad española no puede permitirse que el idioma que nos une sea utilizado como arma política, socavando el futuro de sus jóvenes.
El primer proceso penal en el que se ha juzgado a un alto cargo político relacionado con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha concluido con un contundente fallo condenatorio. Por unanimidad, la Sala Penal del Tribunal Supremo ha decidido condenar a José Luis Ábalos, exministro de Transportes y exsecretario de Organización del PSOE, por constituir una organización criminal que cometió delitos de cohecho, tráfico de influencias y malversación de fondos públicos. El Tribunal ha fijado la pena de Ábalos en 24 años de cárcel, pero, en aplicación del Código Penal, limita a 16 años y seis meses el tiempo máximo de cumplimiento. Su lugarteniente, Koldo García, ha sido condenado a 19 años de prisión, de los que cumplirá 15 años.






