El agua y el calor, la bomba de relojería que amenaza los centros de datos en 2026
La inteligencia artificial (IA) no solo está transformando la productividad empresarial y el crecimiento económico global, sino que también está generando una demanda insaciable de recursos naturales, especialmente agua y energía. Los centros de datos, infraestructuras clave para el funcionamiento de la IA y los servicios en la nube, se han convertido en el epicentro de esta problemática, advierten expertos y análisis recientes.
Un informe de la firma especializada Cross Dependency Initiative (XDI) señala que varios polos de inversión en centros de datos de IA a nivel mundial, como Río de Janeiro en Brasil o Querétaro en México, ya emergen como puntos críticos de riesgo climático. Si bien el debate se ha centrado tradicionalmente en el consumo energético y hídrico, el riesgo físico derivado del calor extremo y otros fenómenos meteorológicos desafía la continuidad operativa y la asegurabilidad de estas instalaciones.
El apetito voraz de la IA por el agua
La IA, a pesar de no ser visible en la pantalla de un ordenador, requiere una refrigeración constante para sus servidores. Cada consulta, cada proceso, consume una cantidad de agua que, multiplicada por miles de millones, adquiere una dimensión alarmante. Google, por ejemplo, estimó que un mensaje de su asistente Gemini podría consumir unos 0,26 mililitros, el equivalente a cinco gotas. Aunque parezca insignificante, la Unesco proyecta que el consumo de agua global asociado a la IA podría triplicarse para 2027, alcanzando entre 4,2 y 6,6 billones de litros anuales, una cifra que superaría la extracción total de agua de países como Dinamarca.
Este escenario de “bancarrota hídrica”, como lo calificó la Universidad de las Naciones Unidas, es especialmente preocupante en regiones como el Mediterráneo y el sur de Europa. Aunque los informes no analizan de forma exhaustiva la situación de España, el país ya se encuentra en una situación de estrés hídrico alto, con un 74% de su territorio susceptible de desertificación, según datos del Ministerio de Transición Ecológica. La creciente demanda de agua por parte de los centros de datos, impulsada por la expansión de la IA, podría agravar esta tendencia.
Microsoft y la carrera por la sostenibilidad hídrica
Ante este panorama, grandes tecnológicas como Microsoft están intensificando sus esfuerzos para mitigar su impacto ambiental. La compañía planea incrementar su infraestructura en la nube en Europa en un 40% entre 2023 y 2027, y para finales de 2026, operará en más de 200 centros de datos en el continente. Paralelamente, Microsoft ha lanzado una ambiciosa estrategia de sostenibilidad con el objetivo de ser negativa en emisiones de carbono, positiva en el uso del agua y generar cero residuos antes de 2030.
Una parte fundamental de esta estrategia es la apuesta por centros de datos que no consumen agua para su refrigeración. El objetivo de Microsoft es convertirse en una empresa “positiva en agua” para 2030, lo que implica devolver al entorno más agua de la que consume. Si bien estas iniciativas son un paso en la dirección correcta, la magnitud del desafío planteado por la IA y la urgencia de la crisis climática exigen una acción coordinada y soluciones innovadoras a nivel global.
La sostenibilidad de la expansión de la IA dependerá en gran medida de la capacidad de la industria tecnológica para abordar de manera efectiva su huella hídrica y su vulnerabilidad a los riesgos climáticos. La transparencia en los informes de sostenibilidad empresarial, que hasta ahora no reflejan adecuadamente el consumo de agua de la IA, se vuelve crucial para concienciar y movilizar recursos hacia soluciones más sostenibles.
Microsoft, dentro de su impulso de dos décadas, busca reducir la intensidad del agua mientras escala para el crecimiento.





