Política

Nombramiento clave en la Sala Segunda del Supremo, pero el bloqueo persiste

La cúpula judicial española vive un pulso sin precedentes. Este afecta directamente a la Sala Segunda del Tribunal Supremo, el corazón de la justicia penal. El Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) ha logrado, in extremis, un nombramiento clave para esta sala: Andrés Martínez Arrieta. Él será el nuevo 'guardián' de las actividades del CNI. Sin embargo, el bloqueo político sigue estrangulando designaciones cruciales, dejando vacantes sin resolver y un futuro incierto para causas de alto voltaje.

El acuerdo, alcanzado este jueves por el Pleno del CGPJ, sitúa a Martínez Arrieta como el magistrado del alto tribunal encargado de autorizar las delicadas operaciones del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) que puedan afectar a derechos fundamentales. Sucede en el cargo a Pablo María Lucas Murillo de la Cueva, presidente de la Sala Tercera, quien se jubilará el próximo 13 de julio. Este nombramiento, vital para la seguridad del Estado, es una de las pocas decisiones que el órgano de gobierno de los jueces ha logrado sacar adelante en medio de su prolongada crisis. Pero esta aparente 'normalidad' es solo una capa superficial. Esconde una parálisis mucho más profunda.

La Sala Segunda, la misma que juzga a los aforados y dirime los asuntos penales más espinosos del país, se encuentra en una situación crítica. Las plazas clave siguen sin cubrirse y un goteo constante de jubilaciones agrava la situación.

La parálisis que ahoga la Sala Segunda: Más de 200 días sin cubrir una plaza clave

La estrategia de bloqueo de la derecha del CGPJ se repite. Impide la renovación en la Sala del Supremo que juzga a los aforados. Hace siete meses, 14 candidatos (cinco mujeres y nueve hombres, algunos de perfil progresista) comparecieron ante la Comisión de Calificación del CGPJ. Optaban a un nombramiento clave: la plaza de magistrado por el turno de jurista de reconocida competencia para la Sala Segunda del Tribunal Supremo. Esta fue dejada por Miguel Colmenero tras su jubilación en abril de 2023. Desde entonces, el silencio ha sido la única respuesta. La renovación del CGPJ no ha servido para desatascar este nombramiento, relegado a las últimas prioridades mientras el foco se ponía en otras salas.

Este prolongado bloqueo no es casualidad. Refleja el equilibrio de fuerzas, o más bien el desequilibrio, dentro del propio Consejo. A pesar de contar con diez vocales conservadores y diez progresistas, la capacidad de acuerdo para nombramientos en la cúpula judicial se ha demostrado casi inexistente. La Sala de lo Penal, la 'joya de la corona' del Tribunal Supremo, se ve así mermada en su capacidad de acción. Con causas pendientes que se acumulan y una imagen de ingobernabilidad que cala en la ciudadanía.

Aluvión de jubilaciones: La Sala de lo Penal, en el punto de mira

Y la situación empeora. El pasado 9 de junio, el Boletín Oficial del Estado (BOE) destapó una nueva oleada de vacantes que sacuden al Supremo. Cinco acuerdos del Pleno del CGPJ, todos con fecha del 27 de mayo, confirmaron la apertura de cinco nuevas plazas, la mayoría por jubilación. De estas, tres corresponden directamente a la Sala Segunda, lo que supone un golpe demoledor para su operatividad.

Los magistrados Ángel Luis Hurtado Adrián y Andrés Palomo del Arco, ambos con un perfil de carrera consolidado, se jubilarán en los próximos días al cumplir los 72 años. A ellos se suma la plaza que dejará el 5 de septiembre Juan Ramón Berdugo Gómez de la Torre, por el turno de especialistas. Estas salidas, imparables por la edad, se suman a la ya enquistada vacante de Colmenero, dejando a la Sala Segunda bajo una presión sin precedentes.

El futuro de la justicia en España pende de un hilo. El nombramiento clave del 'guardián' del CNI es una excepción en un mar de parálisis. La Sala Segunda del Tribunal Supremo se enfrenta a un desafío mayúsculo. El bloqueo político no solo ralentiza la maquinaria judicial. También pone en entredicho la independencia y la capacidad de un poder fundamental para el Estado de Derecho. La ciudadanía observa, expectante, cómo la cúpula judicial se desangra entre nombramientos vitales y vacantes eternas.

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