Economía

155 GW instalados y cortes a la industria

España vuelve a rozar el abismo. Pese a contar con una capacidad instalada de red eléctrica de 155 gigavatios (GW), una cifra que la sitúa a la cabeza de Europa y muy por encima de su demanda máxima habitual, que rara vez supera los 40 GW, el sistema nacional ha sufrido nuevos episodios de tensión que han obligado a desconectar a la industria para evitar un colapso inminente. La aparente fortaleza de la infraestructura esconde una fragilidad alarmante, especialmente cuando la generación renovable flaquea.

La paradoja de la sobrecapacidad y la inestabilidad

La escena se repite con una preocupante frecuencia. Este pasado miércoles, mientras media España veía el partido entre Argentina e Inglaterra, el sistema eléctrico español se vio al límite. En un momento de demanda eléctrica superior a la usual y coincidiendo con la caída de la producción fotovoltaica al anochecer, Red Eléctrica tuvo que activar el Servicio de Respuesta Activa de la Demanda (SRAD), conocido coloquialmente como la 'interrumpibilidad'. Este mecanismo, que implica la desconexión de la industria para equilibrar la oferta y la demanda, se activó en dos ocasiones entre las 21:30 y las 00:00 horas.

La situación resulta difícil de asimilar: un país con una potencia instalada que podría iluminar media Europa al borde de un apagón. Cuando la producción eólica disminuye o el sol desaparece, la inestabilidad se cierne sobre la red. La recurrencia de estos episodios ha llevado incluso a tener que recurrir a la generación con carbón, una fuente de energía que se suponía en desuso, para intentar cubrir el déficit momentáneo. Esto pone de manifiesto la necesidad de una potencia firme y reservas suficientes que el actual mix energético, tan dependiente de las fluctuaciones de las renovables, no siempre garantiza.

Un 'blackout' que costó millones a la industria

Este incidente reciente trae a la memoria el apagón del pasado 28 de abril, un evento que tuvo graves consecuencias económicas para el tejido industrial español. La Asociación de Empresas con Gran Consumo de Energía (AEGE) ha cuantificado el impacto de aquel suceso en más de 25 millones de euros. Carlos Navalpotro, presidente de AEGE, detalló ante la Comisión de Investigación del Senado que los daños operativos sufridos por las compañías asociadas superaron los 13 millones de euros. A esta cifra se suman otros 12 millones en concepto de lucro cesante, derivado de la paralización de la producción.

El 'blackout' tuvo un impacto desigual, con interrupciones que oscilaron entre cuatro y catorce horas, dependiendo de la ubicación de cada planta. Pero las consecuencias no se limitaron al tiempo de corte. Los procesos productivos de la industria electrointensiva requieren un suministro continuo, por lo que el reinicio de las líneas supuso pérdidas adicionales de varios días. La falta de transparencia sobre las causas exactas y la identificación de responsables sigue siendo una sombra que planea sobre el sector.

La coexistencia de una ingente sobrecapacidad instalada con la necesidad de desconectar a la industria para evitar colapsos plantea serias preguntas sobre la gestión del sistema eléctrico español. La recurrencia de estos episodios subraya la urgencia de abordar las causas profundas de esta fragilidad. Garantizar la estabilidad del suministro y proteger a la industria electrointensiva de nuevos 'blackouts' se perfilan como los retos ineludibles para el futuro energético del país.

Ayer miércoles, mientras Argentina tenía encerrada en el área a la selección de Inglaterra, más o menos a la misma hora en la que Mac Allister impactó un balón en el palo de la portería de Pickford, el sistema eléctrico español rozó también el palo de un nuevo apagón.

No llegamos al desastre, pero Red Eléctrica tuvo que volver a parar parte de la industria para poder mantener el equilibrio entre generación y demanda. La empresa que dirige Beatriz Corredor activó dos veces el Servicio de Respuesta Activa de la Demanda, el SRAD, a las 21:43 y a las 22:11. Hubo que parar máquinas porque no había suficiente generación disponible.

La escena resulta difícil de explicar en un país que presume de tener 155 gigavatios instalados en su red eléctrica pero que casi nunca supera los 40 gigavatios de demanda. Tenemos potencia para iluminar media Europa sobre el papel, pero llega una tarde calurosa, se pone el sol, cae la producción eólica, baja la producción de gas… y casi tenemos un disgusto.

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