«No volverá a haber»
Daniel Ortega ha dado un golpe demoledor a la ya maltrecha democracia de Nicaragua. El presidente del país centroamericano ha anunciado, sin tapujos, que en Nicaragua "no volverán a haber elecciones", sepultando así cualquier posibilidad de alternancia democrática y consolidando un régimen cada vez más autoritario. La contundente declaración, realizada durante un acto oficial conmemorativo, ha encendido las alarmas internacionales.
El mandatario sandinista, de 80 años, fue tajante en su intervención. En un mitin que celebraba el 47 aniversario de la revolución de su movimiento, Ortega cargó contra la oposición, a la que acusó de querer utilizar los procesos electorales para "atrapar el gobierno, atrapar el poder". "Pero que se olviden", sentenció ante sus seguidores, "Aquí no volverán a haber elecciones para que por allí intenten ellos atrapar el Gobierno, atrapar el poder".
Blindaje del poder y medidas legales
La firmeza de sus palabras se vio acompañada por el anuncio de medidas para blindar el poder. Ortega afirmó que su gobierno trabajará con la Asamblea Nacional, el parlamento nicaragüense controlado por el oficialismo, y "con las organizaciones correspondientes" para diseñar leyes que sirvan de "muro, de bloque, a los golpistas, a los vendepatrias". El objetivo, según sus propias palabras, es impedir que factores externos, "por mucha plata que le den los yanquis", puedan influir en el destino del país.
Consolidación del régimen familiar
Esta decisión de Ortega se interpreta como un paso más en la consolidación del poder absoluto del matrimonio sandinista. Daniel Ortega y su esposa, Rosario Murillo, ejercen un control férreo sobre Nicaragua desde 2007. Murillo, quien ostenta la vicepresidencia, fue designada copresidenta en febrero de 2025 a través de una reforma constitucional, reforzando la estructura de poder familiar.
Preocupación por derechos humanos y libertades
El anuncio de Ortega se produce en un clima de creciente preocupación por la situación de los derechos humanos y las libertades en Nicaragua. La reciente desaparición del obispo emérito de Estelí, Juan Abelardo Mata, una de las voces más respetadas y críticas de la Iglesia nicaragüense, añade un sombrío telón de fondo. A pesar de las afirmaciones del gobierno de que se encuentra a salvo, su paradero sigue siendo desconocido, lo que ha llevado a defensores de derechos humanos y a la comunidad eclesiástica a temer una desaparición forzada. Investigadores como Martha Patricia Molina han calificado la situación de "crimen de lesa humanidad".
La deriva autoritaria de Nicaragua y la supresión de las elecciones son observadas con alarma por la comunidad internacional. La falta de alternancia democrática y las continuas restricciones a las libertades fundamentales, tanto políticas como religiosas, dibujan un panorama cada vez más preocupante para el futuro del país centroamericano, ahondando la crisis política y social que atraviesa.
ZENIT Noticias / Managua, 21.07.2026.- La desaparición de un obispo católico anciano, un nuevo y exhaustivo informe sobre la persecución mundial de los cristianos y la declaración del presidente Daniel Ortega de que Nicaragua no volverá a celebrar elecciones, dibujan un panorama preocupante de un país donde la represión política y las restricciones a la libertad religiosa parecen estar cada vez más entrelazadas.
En el centro de la creciente preocupación internacional se encuentra el obispo emérito Juan Abelardo Mata de Estelí, una de las voces más respetadas de la Iglesia nicaragüense, cuyo paradero sigue siendo desconocido semanas después de su detención por las autoridades.
Amigos, compañeros clérigos y defensores de los derechos humanos afirman no haber recibido ninguna prueba de que el prelado de 80 años se encuentre a salvo, a pesar de las afirmaciones del gobierno de que ha regresado a su hogar.
Martha Patricia Molina, destacada investigadora sobre la persecución religiosa en Nicaragua, ha descrito la desaparición del obispo como un posible «crimen de lesa humanidad», argumentando que su condición de incomunicado constituye un caso de desaparición forzada.
Señala que ni las personas más cercanas al obispo Mata ni la comunidad católica en general han podido establecer contacto con él, una situación especialmente alarmante dada su frágil salud.
El obispo jubilado padece diabetes, problemas de visión y una afección cardíaca que requiere un marcapasos.
La preocupación trasciende la comunidad católica.
Los obispos de Centroamérica han solicitado al gobierno de Ortega-Murillo que permita al obispo Mata recibir atención médica y que proporcione pruebas fehacientes de que sigue con vida y en buen estado de salud.
El sacerdote nicaragüense exiliado, el padre Edwing Román, también ha exigido pruebas inmediatas de que está vivo, señalando lo que describe como silencio oficial y declaraciones gubernamentales contradictorias.





