Política

Bienestar alto, pero el sueño se complica y el malestar crece

La adolescencia en Gipuzkoa dibuja un retrato complejo. Por un lado, una alta satisfacción vital que roza el sobresaliente (9,1 sobre 10). Por otro, grietas preocupantes: un patrón de sueño que se aleja de lo infantil y un malestar creciente, sobre todo entre las chicas. Una macroencuesta que ha contado con la participación de casi el 30% de los menores de entre 8 y 14 años en el territorio confirma esta dualidad.

El bienestar no es homogéneo en la adolescencia guipuzcoana

La segunda edición del estudio Zer Moduz, impulsado por la Diputación Foral de Gipuzkoa, arroja luz sobre esta realidad. El 77,8% de los jóvenes guipuzcoanos puntúa su satisfacción con la vida con un 9 o un 10, un dato similar al de 2022. Sin embargo, el índice global de bienestar autopercibido se sitúa en 8,8 puntos, y la distribución no es equitativa.

Las chicas presentan niveles inferiores a los chicos. La situación empeora en hogares vulnerables, monoparentales o de origen extranjero. El deterioro es más acusado con la edad: si entre los 8 y 9 años, nueve de cada diez menores gozan de un bienestar muy alto, esta proporción baja a dos de cada tres entre los 12 y 14 años. En paralelo, el malestar se triplica, pasando del 3,4% al 10,1%, acompañado de un aumento del estrés, el cansancio y la soledad.

La sombra de la tecnología y el sueño adulto en la adolescencia

Otro punto de inflexión: la relación con las pantallas. Casi tres de cada diez menores (entre 10 y 14 años) admiten tener dificultades para desconectar de Internet o el móvil. Este dato, extraído de 13.879 menores de 86 municipios y 75 centros educativos, evidencia los desafíos de la era digital.

A esto se suma una conclusión científica relevante: el sueño adolescente se asemeja cada vez más al patrón adulto. Un estudio observacional del Servicio de Neurofisiología de la Clínica Universidad de Navarra (CUN) sugiere que los ritmos circadianos y las necesidades de descanso de los adolescentes están mutando, obligando a revisar cómo se evalúan los trastornos del sueño en esta etapa vital.

La combinación de un bienestar general alto pero desigual, el aumento del malestar y la soledad, la dificultad para desconectar de la tecnología y un patrón de sueño alterado perfilan una adolescencia satisfecha en apariencia, pero que enfrenta retos significativos. Las políticas públicas y el entorno familiar deben tejer una red de apoyo para abordar estas complejas dinámicas.

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