¡Guerra de palabras! Ministro marroquí desafía a Sánchez y reclama Ceuta
¡La tensión diplomática entre España y Marruecos está que arde! El ministro de Obras Públicas y Agua de Marruecos, Nizar Baraka, ha lanzado un órdago al reivindicar la soberanía marroquí sobre Ceuta. Y lo hace a las bravas, ignorando las quejas del Ejecutivo español y la reciente convocatoria de la embajadora de Marruecos en España, tal y como hizo público Pedro Sánchez el pasado 21 de agosto.
Rabat ignora las advertencias de Moncloa
Baraka, actuando como la voz de las aspiraciones territorialistas de Marruecos, ha sido claro y contundente: "No retrocederemos ni un solo palmo de nuestro territorio nacional". Estas palabras, pronunciadas en un mitin del partido Istiqlal, del que él mismo es secretario general, demuestran la estrategia de Rabat de desafiar abiertamente a España y mantener viva la reclamación sobre las ciudades autónomas.
La escalada de declaraciones marroquíes se produce en un momento delicado. Las relaciones bilaterales se han visto marcadas por la crisis migratoria en Ceuta. A pesar de las gestiones diplomáticas y las llamadas a la calma desde Madrid, Marruecos insiste en su postura, haciendo caso omiso a las réplicas del Ejecutivo español.
"No retrocederemos ni un palmo de nuestro territorio nacional"
El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, ya había rechazado tajantemente cualquier negociación sobre este asunto, defendiendo que "nunca" ha habido ni habrá una conversación con Marruecos al respecto. Sin embargo, las palabras de Baraka evidencian la firmeza marroquí en su reclamación territorial, una postura que choca frontalmente con la defensa de la soberanía española sobre Ceuta y Melilla.
El Gobierno español pide "prudencia" ante Marruecos
Frente a la agresividad dialéctica de Marruecos, el presidente Pedro Sánchez ha optado por un discurso de "prudencia" en las relaciones con el país vecino. Tras la avalancha de inmigrantes ocurrida los días 30 y 31 de julio, el Ejecutivo español parece priorizar la contención diplomática para evitar un deterioro mayor de los lazos bilaterales. Sin embargo, la insistencia marroquí en sus reivindicaciones territoriales pone a prueba esta estrategia.
La diplomacia de guante blanco de Sánchez choca de frente con la agresividad verbal de algunos de sus homólogos marroquíes. Esto deja a España en una posición incómoda ante las constantes provocaciones de Rabat. Mientras Marruecos aviva el fuego con sus reclamaciones, el Gobierno español apela a la calma en una partida de ajedrez diplomático cuyas próximas jugadas son inciertas.
