«Hay que destruir lo antiguo para crear un mundo mejor»
Robert Redford, icono del cine estadounidense y fundador del Festival de Sundance, lanza una reflexión contundente que resuena en el panorama actual: “Para construir un mundo mejor, en ocasiones hay que destruir lo antiguo”. Una frase que, lejos de ser un mero titular, es el pilar de su visión sobre la evolución y la creación, una filosofía que, según él mismo, le ha granjeado no pocos detractores.
El actor y director, conocido por su papel en clásicos como 'El candidato' (1972), película por la que Jeremy Larner se alzó con el Oscar al mejor guion original, ha expresado en diversas ocasiones su reticencia a revisitar sus obras maestras. En 2011, durante el Festival de Sundance, Redford ya dejaba claro que hay “películas que es mejor no rehacer”, refiriéndose no solo a 'El candidato', sino también a otros títulos emblemáticos de su filmografía como 'Dos hombres y un destino' o 'Tal como éramos'.
La secuela fantasma de 'El Candidato'
Lejos de quedarse en meras declaraciones, Redford llegó a involucrarse en el desarrollo de una secuela de 'El candidato'. Junto al director Rod Lurie, con quien ya había colaborado en 'La última fortaleza', gestó una continuación que imaginaba al personaje de Bill McKay, interpretado por el propio Redford, convertido en expresidente. En esta nueva trama, McKay asesoraría a un candidato más joven, rol que se barajó para estrellas como Denzel Washington o George Clooney. El proyecto, que llegó a un borrador final, nunca llegó a materializarse, quedando como una anécdota más de las ideas que rondaron la mente del cineasta.
'El candidato', dirigida por Michael Ritchie, retrataba a un abogado idealista que se presentaba al Senado con la certeza de perder. Sin embargo, su discurso directo y sin filtros le permitía ganar adeptos, aunque a costa de ir puliendo sus aristas. Redford, que también produjo la cinta, la concebía como la segunda parte de una trilogía sobre "las historias que hay debajo de las historias", iniciada con 'El descenso de la muerte'.
Derribar para construir
La reflexión de Redford sobre la necesidad de "destruir lo antiguo" para edificar un futuro mejor es una metáfora poderosa. Implica que el progreso a menudo requiere cuestionar y desmontar las estructuras, ideas o creaciones que ya no sirven, abriendo paso a la innovación y a nuevas perspectivas. Es esta audacia de pensamiento, esta voluntad de romper con lo establecido, lo que define su legado y, a la vez, le genera resistencia en un mundo a menudo aferrado a la nostalgia.
Aunque la conexión directa de esta reflexión con el ámbito tecnológico no se explicita en las fuentes, el espíritu de innovación y de cambio radical que encierra es universal. La industria del cine, al igual que la tecnología, vive en constante transformación, donde la reinvención y la valentía para "destruir" lo obsoleto son claves para avanzar. La postura de Redford, por tanto, resuena con fuerza en cualquier sector que aspire a la vanguardia.
