A orillas del Rubicón

Después de estos últimos días viendo de soslayo las noticias me acordaba del viejo soldado romano a orillas del Rubicón, eso me llevaba a pensar en mi abuelo. Cuando he visto que el Tribunal Supremo ha validado la decisión “dictada” por el gobierno de exhumar el cadáver de un dictador me ha venido a la mente el pobre Julio César. He temido por sus obras en Roma, en Italia y en todo occidente. He temido por nuestra historia vetusta, a veces vergonzante pero verídica que ha mantenido nuestras naciones estables hasta ahora. Ay de nuestra Europa si cien años más tarde, algunos burócratas, senadores, gordos patricios y militares hubiesen condenado a Julio César por guerrear, por cruzar el Rubicón y acabar con la Republica, cuanto se hubiese perdido si Cicerón, el excelso jurista y escritor partidario de Pompeyo hubiese falseado la historia, cuanto se hubiese perdido si en vez de nombrarle divino a su muerte le hubiesen exhumado y enterrado en una, hoy anónima, propiedad de su familia Patricia. Pero ¿qué sería de nuestra historia si a Julio César lo hubiesen defenestrado? ¿qué sería si a Napoleón lo hubiesen lanzado al mar y se hubiese roto con la codificación de la ley por ser obra suya? ¿qué sería si Ptolomeo en Egipto o las civilizaciones posteriores hubiesen borrado todo rastro de helenización llevada por Alejandro Magno?, que sería de nosotros si comenzamos a borrar la historia. El Valle de los Caídos es un templo del siglo XX. ¿Por qué si es reciente es menos válida? ¿Por qué no destruir la Curia Julia, lugar de intrigas criminales? Tenemos que aprender que cuando la historia lo exige surgen personajes que ascienden por encima de los mortales, que las dictaduras, por lo menos en su forma original, son sistemas de gobierno perfectamente válidos y que un parlamento puede ser igual de genocida que un dictador. Hoy la izquierda se viste de democracia, pero ¿no es la democracia igual de válida para pisotear la libertad? ¿No fueron los movimientos asamblearios en Atenas los causantes de la muerte de Sócrates? Ay de nuestra Europa si continuamos por este camino, por esta senda de autodestrucción de nuestra historia y de nuestra tradición. Nos quedaremos ciegos, sordos y mudos pues se romperá la Aurea Catena, la cadena dorada, la tradere, lo que el maestro legaba al aprendiz, lo que el abuelo transmitía a sus nietos. Cuando esto se rompa no transmitiremos más que falsedades y por fin Europa habrá caído. 

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