Samantha Vallejo-Nágera destapa la cruda realidad del mundo de la cocina: «Es un mundo muy de hombres»
La reconocida chef y empresaria Samantha Vallejo-Nágera ha roto su silencio para exponer una realidad que afecta a muchas mujeres en el competitivo mundo de la gastronomía: la falta de visibilidad y las barreras inherentes a un sector predominantemente masculino. Tras una década formando parte del jurado de ‘MasterChef’, programa que abandonó recientemente tras sentir que se cerraba un ciclo y por motivos físicos, la cocinera ha aprovechado su paso por el programa ‘Y ahora Sonsoles’ para alzar la voz.
Las declaraciones de Vallejo-Nágera surgen como respuesta a las reflexiones de la chef Begoña Rodrigo, quien en una entrevista previa lamentó la tendencia de los medios y las marcas a recurrir sistemáticamente a cocineros hombres o a figuras femeninas cuya trayectoria profesional no se basa estrictamente en la cocina para protagonizar anuncios de productos gastronómicos. Rodrigo puso como ejemplo la presencia de rostros como Pepe Rodríguez, Jordi Cruz o Martín Berasategui en campañas de pasta o sartenes, y cuestionó por qué no se da más espacio a cocineras profesionales o se recurre a personalidades como Tamara Falcó, cuya incursión en la cocina se consolidó tras ganar ‘MasterChef Celebrity 4’.
Ante esta situación, Samantha Vallejo-Nágera se mostró tajante, confirmando la percepción de Rodrigo: «Es un mundo muy de hombres». La chef, conocida por su estilo directo y su trayectoria independiente, admitió que parte de su propio éxito puede deberse a haber «ido por libre» y a la suerte de contar con el respaldo de marcas, algo que, según sugiere, puede estar ligado a su popularidad televisiva. Sin embargo, no quiso criticar directamente a Tamara Falcó, reconociendo que la hija de Isabel Preysler estudió en la prestigiosa escuela Le Cordon Bleu y que su paso por el concurso culinario fue un impulso significativo para su carrera en la cocina.
«Yo no criticaría a Tamara», señaló la chef, «diría que las cocineras españolas deberían tener más visibilidad». Con esta afirmación, Vallejo-Nágera pone el foco en la necesidad de un mayor reconocimiento y oportunidades para las mujeres que dedican su vida profesional a la cocina, más allá de las apariciones puntuales o mediáticas. Subrayó la importancia de estas profesionales, recordando una verdad fundamental que a menudo se olvida: «Todos los grandes cocineros han aprendido a cocinar con sus madres», un gesto que evidencia el papel histórico y a menudo silenciado de las mujeres en la transmisión del saber culinario.
En paralelo a sus reflexiones sobre la industria, se ha puesto de relieve el papel fundamental que juega su marido, Pedro ‘Peru’ Aznar, en su vida. Con más de veinte años de relación, Aznar se ha consolidado como el pilar discreto pero esencial en la trayectoria de Samantha. Especializado en enología y director comercial en Bodegas Marqués de Riscal, Peru Aznar aporta un perfil profesional ligado al mundo rural y al producto, características que Samantha suele destacar para describir a su esposo como un hombre trabajador, constante y con los pies en la tierra. La chef ha manifestado en contadas ocasiones que su marido es su «persona favorita» y el gran apoyo en su vida familiar y profesional, permitiéndole compaginar su exitosa carrera televisiva y empresarial con la crianza de sus cuatro hijos: Cloe, Pedro Jr., Patrick (apodado ‘Roscón’) y Diego.
La vida personal de Samantha Vallejo-Nágera también ha estado marcada por la maternidad, una faceta que ella misma define como su vocación. El nacimiento de su tercer hijo, Patrick, con Síndrome de Down, supuso un shock inicial que ella misma describió como un «drama». Sin embargo, con el tiempo, su perspectiva cambió radicalmente. «Al principio fue un drama, en vez de un paritorio, aquello parecía un tanatorio», confesó, pero tras quince días, logró asumir la noticia y transformar su mentalidad. «Hay que intentar cambiar el concepto de la sociedad de que tener un niño con Síndrome de Down es malo», afirmó, y hoy asegura que Roscón es una de las mayores alegrías de su vida, un testimonio de resiliencia y amor incondicional que refleja la fuerza de la chef también fuera de los fogones.
