El giro verde de la UE se desmorona: Bruselas abre la puerta a los coches de combustión
El ambicioso proyecto de Ursula von der Leyen al frente de la Comisión Europea se tambalea. Lo que se vendió como una legislatura marcada por la lucha contra la crisis climática y el impulso de una agenda verde revolucionaria, termina con concesiones significativas y un giro pragmático que beneficia a la industria automotriz. Bruselas ha decidido recalibrar uno de los pilares de su política medioambiental: la prohibición de los coches de combustión a partir de 2035.
El ocaso de la 'revolución verde' de Von der Leyen
La primera legislatura de Ursula von der Leyen como presidenta de la Comisión Europea se vendió como la gran apuesta por la crisis climática. Sin embargo, el final de su mandato muestra un panorama muy distinto, con concesiones a la industria y un endurecimiento de las sanciones para quienes no cumplan. Los partidos verdes europeos, que estaban en alza, vieron cómo su agenda impulsaba medidas ecologistas desde Bruselas. Pero la marea ha cambiado, y la familia política de Von der Leyen, el Partido Popular Europeo, se ha sumado a la ola contraecologista impulsada por la extrema derecha, haciendo de la oposición a los planes verdes uno de sus principales caballos de batalla electorales.
Adiós al veto de los motores de combustión: pragmatismo o claudicación
La Unión Europea ha decidido dar marcha atrás en uno de los pilares de su agenda climática. Bruselas permitirá que los coches de combustión sigan vendiéndose más allá de 2035, al rebajar del 100% al 90% el objetivo de reducción de emisiones de CO₂ para ese año. Este cambio, presentado como un ejercicio de “pragmatismo industrial”, supone una marcha atrás respecto al veto aprobado hace menos de dos años y refleja el peso creciente de la industria del automóvil y de varios gobiernos nacionales. En lugar de exigir a los fabricantes que eliminen por completo las emisiones en 2035, la Comisión Europea fija ahora un recorte del 90% respecto a 2021. El 10% restante podrá compensarse mediante créditos vinculados al uso de acero europeo de bajas emisiones y a combustibles renovables o alternativos. En la práctica, esto mantiene en el mercado a los híbridos enchufables, a los vehículos con extensor de autonomía y a ciertos motores de combustión. La Comisión subraya que la producción será “limitada” y que el futuro sigue siendo eléctrico, pero el ajuste altera el mensaje político y amplía el margen temporal para la industria.
La ley de deforestación, descafeinada
Otro de los pilares de la agenda verde, la ley contra la deforestación, también ha sufrido modificaciones. A pesar de su ambición inicial para garantizar que las importaciones de determinadas materias primas a la UE no contribuyan a la deforestación mundial —productos como el café, el caucho, el aceite de palma, la madera y el cacao se ven afectados—, la normativa se ha visto suavizada. Según datos de la FAO, entre 1990 y 2020 se perdieron 420 millones de hectáreas de bosque, una superficie del tamaño de la UE. La ley buscaba evitar esta catástrofe, pero el Partido Popular Europeo, en sintonía con la extrema derecha, ha impulsado una ola contraecologista que ha llevado a Bruselas a rebajar objetivos y a descafeinar medidas clave.
La amenaza de las multas millonarias
Paralelamente a la relajación de las medidas medioambientales, la Comisión Europea ha endurecido su postura sancionadora. Ante el retraso de los Estados miembros en la transposición de directivas comunitarias, Bruselas amenaza con multas millonarias. La UE se ha hartado de que los países arrastren los pies a la hora de armonizar normativas, lo que lamina derechos, introduce inseguridad jurídica y daña la imagen del proyecto europeo. España, uno de los países con más retraso en la transposición de directivas, se enfrenta a un escenario de mayor presión para cumplir con la normativa europea. La Comisión no puede permitir que los propios estados miembros boicoteen el desarrollo legislativo.
El contexto energético y la respuesta a las crisis
La Comisión Europea también ha tenido que responder a la crisis energética, reclamando medidas urgentes para frenar el encarecimiento de combustibles y electricidad. Los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea han pedido a la Comisión Europea una “respuesta coordinada” y “sin demora” con medidas “temporales y específicas” para contener el encarecimiento de los combustibles y abaratar la electricidad. Los líderes han subrayado que la escalada está teniendo un “impacto inmediato” en los precios energéticos para ciudadanos y empresas, en un contexto marcado por las tensiones geopolíticas. Los Veintisiete piden una “caja de herramientas” para actuar sobre el precio de la electricidad y han reabierto el debate sobre el papel del sistema de comercio de emisiones (ETS).
El futuro de la agenda verde: ¿un nuevo rumbo?
Con las elecciones europeas a la vista, el giro de la Comisión Europea plantea interrogantes sobre el futuro de la agenda verde. Mientras algunos partidos progresistas buscan consolidar políticas para hacer frente a los populismos y a los movimientos de extrema derecha, Bruselas parece ceder ante presiones industriales y políticas, modificando el rumbo de sus compromisos climáticos.






