Alerta de colapso económico y revuelta social
Alerta máxima en el Kremlin. Vladímir Putin afronta un panorama cada vez más sombrío. La popularidad del líder ruso ha caído a niveles inéditos, mientras voces internas advierten sobre un posible colapso económico y el riesgo de una agitación social comparable a la Revolución de 1917. En medio de esta crisis de imagen, Putin ha intentado reconectar con el pueblo a través de gestos públicos, como besar a una niña, algo que no hacía en casi tres años.
El Kremlin, en jaque por la economía
Las encuestas estatales no mienten: la aprobación de Putin ha descendido drásticamente en los últimos meses. La agencia VTSIOM, vinculada al Kremlin, sitúa su respaldo en el 65,5%, su nivel más bajo desde el inicio de la ofensiva sobre Ucrania. FOM, otra agencia estatal, también refleja esta erosión, con un 73% de aprobación, apenas dos puntos por encima de su mínimo histórico. Este descenso se produce en un contexto de creciente malestar social y económico, con advertencias internas que apuntan a un posible colapso.
“El primer trimestre fue un desastre total”
Gennady Zyuganov, líder del Partido Comunista y figura clave de la oposición parlamentaria, ha sido uno de los más duros críticos. En la Duma, Zyuganov alertó que si no se toman medidas urgentes, Rusia podría sufrir un estallido social similar al que acabó con la monarquía zarista. “El primer trimestre fue un desastre total”, sentenció, reclamando acción inmediata para evitar repetir los sucesos de 1917.
Conversaciones cruciales con Trump
Mientras la tensión interna aumenta, Putin mantiene una activa agenda diplomática. Recientemente, mantuvo una conversación de casi una hora con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. El encuentro, descrito como “franco” y “constructivo”, abordó temas de alta tensión global como Irán, Ucrania y el mercado del petróleo. Putin presentó a Trump propuestas para un arreglo rápido en Irán, mientras que el mandatario estadounidense compartió su evaluación sobre la operación militar en curso.
Un gesto para la galería
En un intento por mejorar su imagen y reconectar con la ciudadanía, Putin ha recurrido a gestos públicos que parecían olvidados. El pasado 27 de abril, en medio de una ola de críticas, el líder ruso besó en la frente a una joven gimnasta. Pocos días después, repitió un abrazo similar con otra niña. Estos gestos, inusuales en los últimos años, buscan contrarrestar la percepción de un líder cada vez más aislado y presionado por las crisis internas y externas.
La crisis económica erosiona la masiva popularidad de Putin, marcando una tendencia preocupante para el Kremlin. Hacía casi tres años que Vladímir Putin no daba un beso a un niño en público. El pasado 27 de abril, en medio de una ola inédita de críticas sobre la situación económica, el presidente ruso repetía un gesto de cercanía al pueblo que no practicaba desde la rebelión del Grupo Wagner en junio de 2023.
El líder ruso besaba en la frente y sonreía a una pequeña gimnasta cuando sus índices de aprobación caían a su nivel más bajo desde el inicio de su ofensiva sobre Ucrania. Tres días después abrazaba a otra niña en público.
El apoyo al mandatario sigue siendo masivo, pero su descenso es remarcable desde que se visibilizó la crisis económica el año pasado y la situación tiene visos de empeorar. Las encuestas de la agencia estatal de sondeos VTSIOM reflejan una brusca caída de la popularidad de Putin en los últimos dos meses. En su última publicación, anunciada el 24 de abril, la aprobación del mandatario había caído al 65,5%. Otra agencia vinculada al Kremlin, FOM, también refleja esta caída progresiva de la confianza en Putin durante la guerra. Su sondeo publicado este viernes mostraba una aprobación del 73%, apenas dos puntos más alta que su punto más bajo de la guerra, los primeros días de la invasión de Ucrania.




