Las facturas se disparan: el ‘tasazo’ de basuras desata la polémica en Cantabria
Las familias cántabras ya sienten el impacto del llamado 'tasazo' de basuras en sus carteras. Esta subida obligatoria en la factura de residuos, impulsada por una directiva europea que exige que el ciudadano cubra el 100% del coste del tratamiento, ha comenzado a aplicarse en varios ayuntamientos de la región. La implementación varía significativamente entre municipios, generando polémica y temor a una avalancha de reclamaciones ante posibles defectos en su regulación.
El 'tasazo' de basuras golpea ya a los cántabros
El incremento en el recibo de la basura es una realidad palpable para muchos vecinos de Cantabria. Ayuntamientos como Torrelavega y Reocín aplicaron la nueva tasa hace meses, y Santander está a punto de hacerlo. Otros municipios, sin embargo, se encuentran rezagados. La medida, impuesta para concienciar sobre la importancia del reciclaje y reducir el desperdicio, supone un desembolso adicional que los regidores saben que es impopular. En localidades como Laredo, la subida ha llegado al 145%, mientras que en Bárcena de Cicero el aumento ha sido del 53%.
La directiva europea, aprobada en 2022, obliga a que la gestión de los residuos urbanos sea financiada íntegramente por los ciudadanos. Esta normativa busca incentivar la economía circular y la reducción de la generación de basura. La falta de criterios claros y homogéneos en la aplicación de esta tasa por parte de los ayuntamientos es precisamente lo que alimenta la polémica y la posibilidad de que se produzcan numerosas reclamaciones.
Desigualdad en la aplicación y temor a las reclamaciones
La forma en que cada ayuntamiento aplica la obligatoria subida de la tasa de basuras difiere considerablemente. Mientras algunos consistorios han optado por subir el importe directamente, otros exploran ingenierías fiscales para compensar el impacto. Un ejemplo es Piélagos, que aprobó una ordenanza con una subida de casi cinco euros mensuales por vivienda, aunque su entrada en vigor se retrasa al próximo año. El Partido Regionalista de Cantabria (PRC) ha propuesto una solución: una deducción autonómica en el IRPF para quienes realicen cursos de reciclaje, buscando incentivar la participación ciudadana.
Sin embargo, la principal preocupación, como advierten Inspectores de la Hacienda Pública Local y organizaciones de consumidores como Facua y OCU, es la amenaza de una avalancha de reclamaciones. La disparidad en las ordenanzas municipales y la ausencia de criterios unificados para fijar el coste del servicio abren la puerta a interpretaciones judiciales divergentes. Los expertos señalan que la ley estatal, que traslada la directiva europea, no establece un método claro para calcular esta tasa, lo que podría derivar en litigios y una inseguridad jurídica.
La situación actual en Cantabria refleja la complejidad de implementar una normativa europea que, si bien persigue objetivos medioambientales loables, genera un impacto económico directo y desigual en los bolsillos de los contribuyentes. La incertidumbre sobre cómo se resolverán las posibles reclamaciones y la búsqueda de fórmulas fiscales más equitativas marcarán los próximos pasos en la aplicación de esta controvertida tasa.






