Noelia Arroyo aborta la moción de censura en Cartagena cesando a Vox
La alcaldesa de Cartagena, Noelia Arroyo, ha ejecutado una maniobra política de último minuto que ha desbaratado por completo la moción de censura que amenazaba su mandato. La líder del Partido Popular ha cesado a los dos concejales de Vox que formaban parte de su gobierno de coalición. Esta decisión ha provocado la retirada del apoyo clave de dos ediles no adscritos, anteriormente de Vox. Así, la oposición se ha quedado sin los números necesarios para sacar adelante la iniciativa. La acción inesperada ha salvado su Alcaldía y ha reconfigurado el panorama político municipal de forma drástica.
Numerosos analistas políticos apuntaban que la alcaldesa de Cartagena, Noelia Arroyo, no se iba a quedar de brazos cruzados. El martes de la semana pasada se hizo pública la moción de censura que buscaba desalojarla del Gobierno de la Ciudad Portuaria. Sin embargo, Arroyo ha demostrado una notable capacidad de reacción. La noticia estalló este miércoles, cuando el Ayuntamiento cartagenero informó del cese de los concejales de Vox, Gonzalo López Pretel y Diego Lorente, quienes todavía formaban parte del Ejecutivo municipal.
La inesperada jugada de Noelia Arroyo
La decisión de Noelia Arroyo representa una verdadera «ingeniería» política. Con ella, la primera edil cartagenera ha conseguido atraer a los disidentes de Vox, Diego Salinas y Beatriz Sánchez del Álamo. Estos dos concejales, que inicialmente habían firmado la moción de censura, eran fundamentales para que la iniciativa prosperara en el pleno previsto para el próximo 2 de junio. Tras el cese de sus antiguos compañeros de partido por parte de Arroyo, Salinas y Sánchez del Álamo han reconsiderado su postura. Han retirado su apoyo, lo que ha dejado la moción sin la mayoría necesaria.
La moción de censura contra la alcaldesa Noelia Arroyo (PP) había sido planteada la semana pasada. La promovían el partido municipalista Movimiento Ciudadano (MC), el PSOE y el partido local Sí Cartagena. Estos grupos habían recabado el apoyo de los dos ediles que abandonaron Vox tras una crisis interna. La mayoría absoluta en el Ayuntamiento de Cartagena se sitúa en catorce concejales. MC cuenta con ocho, el PSOE con cuatro y Sí Cartagena con uno, sumando trece. Con los dos ediles ex-Vox, habrían alcanzado los quince necesarios. Ahora, sin su respaldo, la moción carece de viabilidad.
El complejo tablero político de Cartagena
Diego Salinas, uno de los concejales clave en esta situación, llegó a la política municipal como cabeza de lista de Vox en las elecciones de 2023. Tras el pacto de la formación de Abascal y el Partido Popular, la regidora Noelia Arroyo le nombró primer teniente de alcalde. Salinas se dio de baja de su partido en marzo de este año por «la deriva que ha tomado y el trato dado a José Ángel Antelo». Él mismo afirmó haber transmitido en multitud de ocasiones su malestar a Arroyo, indicando que «no me escuchó» sobre los derroteros del Gobierno municipal. Sin embargo, la maniobra de Arroyo ha cambiado el tablero.
El concejal Diego Salinas, junto a Beatriz Sánchez del Álamo, ahora considera que la alcaldesa popular se ha puesto de su lado al cesar a los concejales de Vox. Esta percepción ha sido determinante para su decisión de no apoyar la moción de censura. Salinas, que había renunciado a su cargo en el gobierno para integrarse en la oposición y firmar la moción, buscaba «sacar a Cartagena de la parálisis» y ejecutar proyectos trascendentes para los ciudadanos. Su cambio de posición ahora refuerza a Arroyo, aunque la deja con un gobierno en minoría.
El futuro incierto del gobierno local de Cartagena
El gobierno de Noelia Arroyo, tras la expulsión de Vox, queda integrado por los diez concejales del Partido Popular y la edil no adscrita Beatriz Sánchez del Álamo. Esto suma once concejales, lejos de la mayoría absoluta de catorce. La oposición, por su parte, estará formada por los siete ediles de MC, cuatro del PSOE, dos de Vox y uno de Sí Cartagena, además de Diego Salinas como no adscrito. Esta configuración augura un periodo de gobernabilidad compleja, donde cada votación requerirá una intensa negociación y el consenso con otras fuerzas políticas. La capacidad de Arroyo para tejer alianzas será crucial en los próximos meses.






