El coste invisible que hunde la economía española
España se enfrenta a un coste económico invisible y devastador: el presentismo. Mientras se miden con lupa las bajas laborales, una encuesta reciente revela que la mayoría de los trabajadores españoles que caen enfermos optan por seguir trabajando. Este fenómeno, que nadie contabiliza oficialmente, merma la productividad, aumenta los errores y alarga las recuperaciones, pero se queda fuera de las estadísticas macroeconómicas. El agujero negro de la economía española, que nadie quiere ver.
El fenómeno del presentismo: trabajar sin estar bien
La imagen idílica de un mercado laboral en auge, con récords de afiliación y baja temporalidad, esconde una realidad preocupante. Una encuesta realizada a trabajadores en remoto en España, Reino Unido, Alemania e Italia ha puesto de manifiesto que nuestro país lidera el 'presentismo'. Mientras que solo el 5,4% de los teletrabajadores españoles se da de baja y desconecta por completo al enfermar, un abrumador 65,1% sigue trabajando de alguna manera. Esta cifra es la más alta de los países analizados, dejando a España como el mercado donde menos se descansa cuando se está enfermo. Incluso, un 17,2% de los teletrabajadores reconoce hacerlo desde la cama, superando a quienes sí piden algún tipo de baja.
¿Por qué ocurre? Factores detrás de la tendencia
Este comportamiento no es casual. El envejecimiento de la plantilla y el deterioro de la salud mental, especialmente agudizado tras la pandemia, son dos de los motores principales que explican este fenómeno. La presión por mantener el ritmo, la precariedad en algunos sectores y la falta de una cultura de desconexión real cuando se está enfermo contribuyen a que los españoles sacrifiquen su salud por mantener el puesto de trabajo. Las bajas laborales, aunque a veces criticadas por un supuesto aumento de la "picaresca", son en muchos casos una consecuencia directa de la falta de descanso y recuperación.
Las consecuencias reales para la economía y los trabajadores
Trabajar enfermo no es solo un sacrificio personal, sino un lastre para la economía. La productividad cae en picado, la tasa de errores aumenta y las recuperaciones se alargan, pudiendo derivar en bajas más graves y prolongadas. Este coste, aunque escurridizo y no reflejado en las cuentas oficiales, impacta directamente en la competitividad del país. Las empresas sufren la merma de rendimiento y los trabajadores, a largo plazo, ven comprometida su salud y su bienestar.
El absentismo, un problema mayor que el presentismo
Paralelamente al presentismo, España sigue liderando las tasas de absentismo laboral por incapacidad temporal en la Unión Europea. En 2024, el 4,5% de los ocupados entre 20 y 64 años no acudió a su puesto por baja médica, un incremento del 73% respecto a 2018. Este aumento es 4,6 veces superior a la media de la UE. La industria y el sector de la construcción son los más afectados por estas ausencias. Las mutuas y las asociaciones empresariales advierten del impacto organizativo y económico que estas bajas tienen, especialmente para las pequeñas y medianas empresas.
¿Qué se puede hacer para atajarlo?
La situación exige un cambio de enfoque. No basta con medir el absentismo; es crucial abordar el presentismo. Esto implica fomentar una cultura empresarial que valore la salud del trabajador, implementar políticas de conciliación efectivas y promover la desconexión digital real. Las administraciones y las empresas deben colaborar para desarrollar estrategias que no solo reduzcan las bajas, sino que garanticen que los trabajadores puedan recuperarse adecuadamente cuando enferman, evitando así costes invisibles que merman la economía y la salud de la fuerza laboral española.
Los autónomos registran cuatro veces menos bajas laborales que los asalariados.
Las bajas laborales en España: quién las paga y quién controla al trabajador – Estalla por las bajas laborales: España, a la cabeza del absentismo en la OCDE. La patronal advierte del impacto organizativo de las bajas para los pequeños negocios, que en ocasiones están obligados a bajar la persiana ante las ausencias de sus trabajadores.
Aunque las cifras de absentismo dibujan un escenario de impacto creciente en términos económicos y una incidencia que se ha desbordado a nivel general, existen diferencias notables en función de los territorios, las ramas de actividad y la situación laboral de los trabajadores.
Por ejemplo, no arrojan las mismas tasas de bajas los autónomos que los asalariados, ni tampoco los empleados del sector público que los del sector privado.






