Política

El 74% de españoles se cree sano, pero la brecha social te condena

España presume de una población que se siente mayoritariamente sana. Un contundente 74% de los ciudadanos declara tener una percepción de su estado de salud como buena o muy buena. Este dato, publicado recientemente, supone una mejora sostenida desde 1987, cuando el porcentaje se situaba en un 65%. Sin embargo, bajo esta aparente bonanza se esconde una realidad más cruda: las desigualdades sociales en materia de salud no solo persisten, sino que se acentúan, dejando a los colectivos más vulnerables a la zaga.

La brecha es palpable. Mientras que en la clase social más alta el 83% de las personas se considera sano, este porcentaje desciende hasta el 70% en la clase más baja. Esta disparidad, que se repite en función del nivel educativo, el origen o el estatus laboral, dibuja un mapa de salud fragmentado donde el bienestar no es igual para todos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) define estas diferencias como innecesarias, evitables e injustas, y subraya que la mayoría de ellas se originan en determinantes socioeconómicos.

¿Jóvenes contra el alcohol? La nueva guerra por el ocio

En medio de este panorama, emergen nuevas tendencias que buscan revertir la tendencia hacia hábitos menos saludables. Una de las más destacadas es el creciente rechazo al alcohol entre los jóvenes. Cada vez más adolescentes y jóvenes adultos deciden desvincular su ocio del consumo de alcohol, priorizando su bienestar y salud. Argumentan que no es necesario beber para pasarlo bien y alertan sobre la preocupante normalización del consumo en la sociedad.

Este cambio de mentalidad, aunque positivo, no está exento de dificultades. Muchos de estos jóvenes admiten sentirse "el bicho raro" o incluso ser apartados por sus amigos al optar por un estilo de vida 0,0. A pesar de ello, los datos oficiales de la última Encuesta sobre Uso de Drogas en Enseñanzas Secundarias (Estudes) confirman una leve pero sostenida reducción en el consumo de alcohol entre los adolescentes de 14 a 18 años.

Nutrición 'low cost': un salvavidas en barrios olvidados

Paralelamente, se ponen en marcha iniciativas concretas para mejorar la salud en los colectivos más desfavorecidos. Un ejemplo son las mujeres usuarias del Espacio Mujer Madrid en Vallecas. Una treintena de ellas han aprendido a organizar menús equilibrados ajustados a presupuestos limitados, ganando así seguridad y autonomía para tomar decisiones sobre su alimentación y su salud. Este tipo de programas de educación nutricional demuestran ser un recurso vital para transformar hábitos y mejorar la calidad de vida.

Estas acciones, a menudo impulsadas por colaboraciones entre administraciones públicas y entidades privadas, buscan empoderar a las personas para que adopten estilos de vida más saludables, demostrando que la salud, a pesar de las desigualdades, puede ser una tendencia alcanzable para todos si se abordan sus causas estructurales y se promueven los recursos adecuados.

La salud mental global en jaque: 1.200 millones de almas rotas

La salud mental del planeta se ha erosionado notablemente. Un estudio publicado en la revista The Lancet estima que cerca de 1.200 millones de personas —un 14% de la población mundial— sufren problemas de salud mental. Esta cifra supone casi el doble de lo registrado en 1990. Los expertos achacan este alza tanto a una mejora en la detección como al impacto de factores como la pobreza, las guerras, los desastres naturales y la pandemia de la COVID-19.

Los adolescentes de entre 15 y 19 años y las mujeres de todas las edades son los colectivos más afectados, sufriendo especialmente ansiedad y depresión. Los trastornos mentales se han convertido en la principal causa de discapacidad en el mundo, superando a las dolencias cardiovasculares y el cáncer. La prevalencia de estas dolencias ha aumentado un 24% en tres décadas, con un incremento notable en la ansiedad (65% más) y la depresión (41%).

El grito silencioso de las mujeres y las regiones

La radiografía de la salud mental global también cristaliza una profunda brecha de género. En conjunto, la prevalencia de trastornos mentales y la pérdida de años de vida saludables relacionados con estas dolencias son mayores en mujeres, especialmente a partir de los 15 años. Antes de esa edad, los trastornos de conducta y del neurodesarrollo son más frecuentes en varones.

Los autores del estudio sugieren una interacción de mecanismos psicológicos, sociales y biológicos. Las mujeres, en comparación con los varones, experimentan menor autoestima, mayor tendencia a la vergüenza relacionada con el cuerpo, y sufren mayores tasas de violencia doméstica y abuso sexual. Además, enfrentan cambios biológicos, mayores responsabilidades de cuidado y desigualdades estructurales.

La ola de mala salud mental se ha extendido por todo el planeta, sin distinción entre países ricos o pobres. Si bien existen disparidades territoriales, la tendencia alcista es generalizada. La atención a la salud mental sigue siendo insuficiente a nivel mundial, con una cobertura de tratamiento mínimamente adecuado muy baja en la mayoría de los países. España, por ejemplo, destina menos del 7% del presupuesto sanitario a salud mental, y las listas de espera para psiquiatras y psicólogos se cuentan por meses.

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