«Me va la marcha, no a no hacer nada»
El expresidente del Parlamento Andaluz, Jesús Aguirre, aterriza en el Senado con un propósito claro y un mensaje contundente: "A mí me va la marcha; no voy al Senado a no hacer nada, para eso me quedo en casa". Con esta declaración, Aguirre deja patente su intención de imprimir un ritmo diferente a su nueva etapa en la Cámara Alta, contrastando con la imagen de inactividad que a menudo rodea a la institución.
Aguirre, que cierra una etapa de cuatro años al frente del Parlamento Andaluz, marcada por la gestión de la pandemia y la crispación política, no se ve a sí mismo como un político en fase de retiro. Su experiencia al frente de la Consejería de Salud durante la crisis sanitaria, donde gestionó "una intensidad de trabajo espectacular" desde las 6:30 de la mañana hasta bien entrada la noche, le ha curado de espantos y le ha preparado para "meterse en todos los charcos".
El Senado: ¿Un oasis o un campo de batalla?
La comparación entre la actividad parlamentaria es llamativa. Mientras el Senado celebra tres plenos al mes, el Parlamento Andaluz se reúne en dos. Sin embargo, Aguirre señala que la Cámara Alta ha buscado un nicho que, en parte, ha perdido el Congreso, cuya relevancia ha disminuido. "Yo pienso participar activamente", asegura, dejando claro que no piensa ocupar un escaño para observar desde la barrera.
Su paso por el Parlamento Andaluz le ha enseñado a lidiar con situaciones complejas, como la negociación entre el PP y Vox que desembocó en movimientos de asientos institucionales. La coalición de Gobierno en Andalucía, con la cesión de un asiento en el Senado a Vox, es un ejemplo de cómo las dinámicas políticas influyen en la composición de las cámaras.
Sanidad y élites: Las reflexiones de un médico en política
Más allá de su rol como senador, Jesús Aguirre, médico de profesión, no olvida su visión sobre el sistema sanitario. Advierte de la necesidad de un cambio profundo: "El sistema está enfocado a una población con una edad media joven y poco demandante. Ahora mismo, estamos con una población de una edad media alta, multipatológica y muy demandante". Su experiencia le ha llevado a comprender que el modelo actual necesita una reforma urgente.
La figura del senador evoca reflexiones históricas. Desde la Antigua Roma, donde ocupar un puesto en el Senado exigía ser patricio o un ciudadano de gran fortuna y rectitud moral, hasta la actualidad, donde la crítica apunta a la "hipocresía de las élites". Si bien los senadores de antaño vestían de púrpura y gozaban de privilegios únicos, hoy en día, como señala la crítica, "cobran un buen sueldo por votar lo que diga el jefe de escuadra" y ningún senador representa realmente a su territorio, sino las lealtades de partido.
Contraste y polémica en la Cámara Alta
La Cámara Alta no está exenta de polémicas que contrastan con la solemnidad esperada. El caso del presidente provisional del Senado, Bartolomé Abdala, envuelto en una controversia por viajar a Nueva Jersey para presenciar la final del Mundial de 2026, ejemplifica cómo la vida privada de los políticos puede generar debate público. A pesar de las críticas, la defensa de su partido fue contundente: "Se pagó todo él". Este tipo de episodios ponen de manifiesto la delgada línea entre la vida pública y privada de los representantes, y la constante vigilancia a la que están sometidos.
Jesús Aguirre, con su actitud desafiante y su bagaje como gestor de crisis, se perfila como una figura que no pasará desapercibida en el Senado. Su determinación por "no hacer nada" y su visión crítica sobre el sistema sanitario y la política auguran una legislatura intensa para la Cámara Alta.
Jesús Aguirre: «A mí me va la marcha; no voy al Senado a no hacer nada, para eso me quedo en casa».
El ya expresidente del Parlamento andaluz cierra una etapa de cuatro años en los que ha tenido que lidiar con la crispación política con un «toreo de salón» y sin perder nunca su espontaneidad. Juega al pádel tres veces por semana y en el cajón del despacho oficial que dejó el pasado jueves guardaba un tensiómetro y comprimidos para «curar» las crisis de sus señorías.






