Usa su título de Princesa para hacer negocio espiritual
Marta Luisa de Noruega ha vuelto a las andadas. La hija del rey Harald V de Noruega ha roto, una vez más, el acuerdo establecido con la Casa Real para no utilizar su título de princesa con fines comerciales. La última infracción se ha producido en la promoción de un festival espiritual, donde su título real aparece hasta en siete ocasiones, desatando la polémica y obligando al Palacio Real a pronunciarse.
Un Acuerdo Roto por Quinta Vez
Desde 2019, y reforzado en 2022, existe un pacto claro entre Marta Luisa de Noruega y la Casa Real: su título de princesa debe reservarse exclusivamente para ocasiones vinculadas con la vida institucional. Sin embargo, la princesa ha ignorado este acuerdo en al menos cinco ocasiones. La más reciente ha sido la promoción del festival Om & Bass, un evento espiritual que se celebrará en septiembre en Oxfordshire, Reino Unido. En la página de venta de entradas, su título aparece hasta en siete veces, incluyendo paquetes promocionales de hasta 280 euros.
El Negocio Espiritual y el Título Real
Este uso comercial del título de princesa choca frontalmente con el acuerdo que Marta Luisa aceptó para poder casarse con Durek Verrett y, sobre todo, para dedicarse de lleno al mundo de los negocios espirituales. Ya en el pasado, mientras estaba casada con Ari Behn, montó su propia escuela de ángeles, sentando un precedente de su inclinación por este tipo de actividades. La utilización de su título real en la promoción de eventos como el festival Om & Bass, donde ella y su marido impartirán talleres exclusivos, pone de manifiesto la tensión entre sus intereses comerciales y las directrices de la Casa Real.
"Es Parte de Mí": La Defensa de Marta Luisa
Ante las críticas y la presión, Marta Luisa de Noruega se ha negado rotundamente a renunciar a su título. En una entrevista concedida al programa Insider de TV 2, junto a su marido, la princesa ha defendido su postura argumentando que su título es "parte de mí como persona y como profesional". Esta declaración deja claro que, para ella, su identidad como princesa está intrínsecamente ligada a su persona y a su actividad profesional, incluso cuando esta se desvincula de las funciones institucionales.
La Monarquía Noruega Bajo Presión
La monarquía noruega atraviesa un momento delicado. Si bien el apoyo popular se mantiene, ha experimentado un descenso en los últimos años. Casos como el del hijo de la princesa Mette-Marit, Marius Høiby, que se enfrenta a un juicio por graves acusaciones, han dañado la reputación de la corona. La actitud de Marta Luisa de Noruega y su polémica relación con el chamán Durek Verrett añaden, en menor medida, más presión a una institución que busca mantener su relevancia y credibilidad ante la ciudadanía.
Desde 2019 y reforzado en 2022, existe un acuerdo claro entre Marta Luisa de Noruega y la Casa Real: no usar el título de princesa con fines comerciales, reservándolo para ocasiones vinculadas con la vida institucional y vida privada. Las normas estaban claras y así lo aceptó la hija del rey Harald V con el fin de casarse en segundas nupcias con Durek Verrett y, sobre todo, entrar de lleno en el mundo de los negocios espirituales, algo que la princesa ya había hecho en el pasado, cuando montó su escuela de ángeles mientras todavía estaba casada con Ari Behn.
A pesar de ser una cuestión relativamente sencilla, la única hija de los Reyes de Noruega acaba de romper ese acuerdo por quinta vez, y el Palacio Real se ha visto obligado a pronunciarse. La nueva infracción se ha producido en la promoción del festival Om & Bass, un evento espiritual que se celebrará en septiembre en Oxfordshire, Reino Unido. Allí el matrimonio formado por Marta Luisa y Durek Verrett impartirán dos talleres exclusivos.
La página oficial de venta de entradas utilizaba el título de "princesa" hasta siete veces para promocionar los encuentros con la pareja, incluyendo paquetes promocionales en torno a los 280 euros. El título real aparecía tanto en la descripción de los talleres como en las categorías de acceso prioritario y en la oferta de fotografías con la pareja, convirtiéndose en un reclamo comercial que aludía a esa narrativa de "la princesa y el chamán".






