Feminismo ilustrado

A la paz de Dios.

Después de terminar mis quehaceres diarios y cuando tengo un momento de relajo, he decidido no poner la tele, pues viendo lo que se suele ver, lo que saco en claro es que me pongo de los nervios muchas veces, termino sin descansar y con ganas de tirarle una zapatilla a la pantalla.

Hoy en día que poco importan los modales y las formas, es francamente difícil encontrar algún programa que informe parcialmente en el que no intenten hacerte un lavado de cerebro o idiotizarte con cualquier zafio disparate de contertulios cuestionando estupideces como si fuera una noticia y en realidad más les valdría hacer algo decente.

Las estupideces que se escuchan por la tele son como los números, infinitos. Hoy mismo, sin ir más lejos, estoy oyendo que: ”nosotras tenemos que castrar el lenguaje machista de nuestros hijos”…(¿?). ¿Y esto… qué es lo que es?

Lo que no entiendo -les aseguro que me gustaría  me explicaran- es saber  lo que yo me he perdido siendo una mujer de “las otras”,  y digo bien, pues la mayoría de bobadas que se hacen y dicen en nombre del feminismo creo que ni me representa y ni puñetera falta me hace.

Yo no necesito que me represente una descerebrada con las “mamás al aire y pintorrojeadas”, o cualquier otra guarra con sobacos frondosos y la estética del antídoto de la lujuria. Ni tampoco necesito al macho alfa para ser una mantenida con cargo, ni un puesto por la condición de ser mujer y no habérmelo ganado por mis medios y mi trabajo.

No estoy esclavizada en una sociedad machista, más bien hago lo que me dicta mi conciencia respetando los principios de todos, incluidos los de los hombres

Aunque escriba estas cosas y les parezcan divertidas, a mi me hace poca gracia que a mi hijo, a mi padre, a mi marido y a mis amigos (hombres) los acusen de asesinos, violadores, machistas y tantas otras cosas por el mero hecho de haber nacido con dos pelotas. Que injusto, se está perdiendo el norte.

Pena me da comprobar que se deje de llamar a las cosas por su nombre y se opte  por usar un lenguaje inventado, que tiene coletilla  (o moño) y cuatro frases aprendidas . Pues ya está bien, al vino,  vino.  No hace falta hacer un manual para que se entienda, pues es claro y verdadero que: El que mata, es asesino, el que viola, es un violador y el que abusa es un cobarde y todos nos merecemos tener las suficientes garantías de que la justicia es justa e implacable para hacer pagar de por vida delitos tan graves.

Pero los hombres buenos, que no hacen nada de esos agravios, no tienen por qué sufrir la necedad de unas descerebradas que intentan imponer, “por ovarios”, la dictadura feminista. Flaco favor nos hace a los millones de mujeres que somos madres, hijas y esposas y nos gusta seguir siéndolo sin tener que reivindicar nada a nadie.

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