Sánchez dispara el gasto en Defensa a 2.875 millones y burla al Congreso
El Gobierno de Pedro Sánchez ha dado un nuevo impulso al gasto militar, elevando el presupuesto de Defensa hasta los 2.875 millones de euros para 2026. Esta decisión, aprobada mediante transferencias y mecanismos que sortean el debate parlamentario, pone de manifiesto una estrategia de rearme silencioso que contrasta con el lema del “no a la guerra” del presidente. España ya ha alcanzado el 2% del PIB en gasto militar, un objetivo exigido por la OTAN, pero lo ha hecho a espaldas del Congreso, sin comparecencias públicas y a través de un sistema diseñado para evitar el escrutinio político.
Este incremento presupuestario se suma a otras partidas significativas aprobadas recientemente. El pasado 10 de marzo se autorizó una transferencia de 1.339 millones de euros desde Hacienda para “atender necesidades ineludibles” del Ministerio de Defensa. Antes de la cumbre de la OTAN en Ankara, el Ejecutivo ya había dado luz verde a una transferencia récord de 6.287,53 millones de euros, justificada genéricamente como refuerzo de “capacidades estratégicas” y destinada a modernización, logística y mantenimiento.
El doble juego de Sánchez: paz y rearme
Mientras Pedro Sánchez proclama su compromiso con la paz y el lema del “no a la guerra”, su gobierno incrementa de forma sostenida el gasto militar. La estrategia del presidente pasa por cumplir con las exigencias de la OTAN, como el objetivo del 2% del PIB en gasto de defensa, pero evitando el debate público y parlamentario. España ratificó este compromiso en enero de 2025, según la propia Alianza Atlántica. Sin embargo, el Ejecutivo español se desmarca del objetivo más ambicioso del 5% del PIB que promueven Estados Unidos, fijando su propia meta en el 2,1%.
La titular de Defensa, Margarita Robles, ha avanzado además a su homólogo ucraniano, Mykhailo Fedorov, que España trabaja en nuevos proyectos de asistencia militar para 2026. Este compromiso con Ucrania se materializa en un contexto de aumento global del gasto militar, que según el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI) alcanzó los 2,887 billones de dólares en 2025, un 2,9% más respecto al año anterior.
Mecanismos opacos para aumentar la partida militar
El aumento del gasto en Defensa se ha gestionado a través de mecanismos que escapan al control habitual del Congreso de los Diputados. Fondos de contingencia, transferencias de crédito y ampliaciones presupuestarias aprobadas en Consejo de Ministros son las herramientas predilectas del Ejecutivo para incrementar la partida militar. Un ejemplo claro fue la aprobación de 724 millones para la adquisición de vehículos todoterreno, financiada a través de un instrumento de la Unión Europea, o los 15,6 millones para prácticas de simulador de aeronaves.
Este modus operandi permite a Sánchez multiplicar el presupuesto de Defensa sin necesidad de grandes debates ni de buscar consensos parlamentarios. Si bien la presentación de los Presupuestos de 2027 podría forzar un mayor escrutinio, la estrategia actual del Gobierno se basa en un rearme multimillonario ejecutado en silencio. Las partidas se justifican como “necesidades ineludibles” o “refuerzo de capacidades estratégicas” sin ofrecer mayores detalles sobre su destino concreto.
La falta de transparencia en estas operaciones ha sido criticada, especialmente por parte de Estados Unidos. Donald Trump, en su insistencia por que los aliados europeos aumenten su gasto en defensa, ha presionado a España para que eleve su inversión al 5% del PIB. Sin embargo, Sánchez ha mantenido su posición, defendiendo el 2,1% como cifra suficiente para cumplir con los compromisos de la OTAN. Esto ha tensado la relación bilateral y ha llevado al mandatario estadounidense a amenazar con represalias.
A pesar de las presiones internacionales y la opacidad en la gestión, España se consolida como uno de los países que más rápido se rearman en Europa. El incremento del presupuesto de Defensa, cifrado en 2.875 millones para 2026, es la última prueba de una política militar que privilegia la acción discreta sobre el debate público. Se alinea con las exigencias de la OTAN, pero mantiene una narrativa de paz que choca con las cifras de gasto.
El Gobierno ha inflado con 9.500 millones el presupuesto de Defensa en el primer semestre del año. Ha aprobado transferencias de crédito para aumentar el gasto militar sin pasar por el Parlamento ni detallar las partidas.





