Política

«Aquí no volverá a haber comicios»: Ortega fulmina la democracia en Nicaragua

Daniel Ortega, presidente de Nicaragua, ha dado un golpe de gracia a la maltrecha democracia de su país al afirmar explícitamente que en Nicaragua “aquí no volverá a haber elecciones”. La contundente declaración, realizada durante un acto conmemorativo del 47 aniversario de la Revolución Sandinista, supone un borrón y cuenta nueva para el sistema electoral nicaragüense, diseñado para perpetuar en el poder al mandatario y su círculo cercano, impidiendo cualquier atisbo de oposición real.

Estas declaraciones, que inicialmente parecieron un arrebato verbal, fueron matizadas por el líder de la Asamblea Nacional, Gustavo Porras, quien aseguró que sí habrá votaciones, pero “sin traidores a la patria”. Un eufemismo que, en la práctica, significa la eliminación de cualquier candidato o fuerza política no afín al régimen, consolidando un sistema que ya operaba sin garantías democráticas.

La oposición, perpleja ante el fin de la ficción electoral

La noticia ha caído como un jarro de agua fría, aunque no como una sorpresa total, entre opositores y analistas políticos. Mónica Baltodano, exguerrillera e historiadora nicaragüense que luchó contra la dictadura somocista, expresó su perplejidad. Para Baltodano, las palabras de Ortega formalizan una realidad ya instalada, donde las elecciones se celebraban sin competencia ni transparencia, y la disidencia era perseguida y encarcelada, como ocurrió en 2021.

La ironía de la fecha elegida por Ortega para este anuncio, el aniversario del triunfo de la Revolución Sandinista que prometió democracia, no pasó desapercibida. Lo que en 1979 representó un nuevo amanecer para Nicaragua, casi medio siglo después se ha convertido en el epitafio de sus últimos vestigios democráticos. Ortega no solo entierra la democracia, sino que consolida la que muchos consideran la última dictadura de América Latina, abriendo paso a una nueva dinastía familiar.

Condena internacional y el futuro incierto de Nicaragua

Las declaraciones de Daniel Ortega han generado una fuerte condena internacional. El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, calificó las palabras del presidente nicaragüense como una muestra de su “verdadera naturaleza autoritaria”. Rubio enfatizó que el pueblo nicaragüense tiene derecho a elegir a sus líderes mediante elecciones democráticas y llamó a la comunidad internacional a presionar a la dictadura de Ortega y Rosario Murillo.

Nicaragua debía celebrar elecciones presidenciales a finales de 2026, pero el régimen ya había aplazado la fecha hasta 2027 tras una reforma constitucional. Ahora, con la declaración de Ortega, se abre un panorama aún más sombrío, donde la posibilidad de comicios libres y justos se desvanece por completo. La comunidad internacional se enfrenta al desafío de cómo responder ante este autogolpe que consolida un régimen autoritario y aleja a Nicaragua de los principios democráticos del hemisferio.

Daniel Ortega consuma en Nicaragua la última tiranía de América Latina.

A la exguerrillera e historiadora nicaragüense Mónica Baltodano, quien en su juventud arriesgó la vida para derrocar a la dictadura somocista, el anuncio lanzado por Daniel Ortega este pasado 19 de julio la dejó perpleja: en Nicaragua, proclamó el mandatario, se acabaron las elecciones.

“Las elecciones que han organizado son procesos dudosos, por no decir claramente fraudulentos, desde hace décadas, así que las palabras no fueron más que una expresión del descaro con el que están manejando desde hace rato el poder”, señala la excomandante guerrillera, exiliada en Costa Rica.

Que la sentencia de muerte a los procesos electorales se pronunciara precisamente el día en que se conmemora el triunfo de la Revolución Sandinista selló la ironía más amarga: la misma fecha que en 1979 prometía el nacimiento de la democracia sirvió, casi medio siglo después, para sepultar de forma definitiva sus últimos vestigios.

Ortega no solo pone una lápida a la ya ahogada democracia nicaragüense, sino que consuma la última dictadura en América Latina, sella la deriva autocrática en Centroamérica y abre paso a una nueva dinastía familiar.

“Es una expresión de la antítesis de lo que significó aquella lucha, de los propósitos y compromisos de una lucha que costó muchísimas vidas. Es como una burla hacer ese anuncio en el aniversario del fin de una dictadura”, critica Baltodano.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.