«Si es verdad, es una mierda»
El portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, ha escenificado este miércoles un duro enfrentamiento dialéctico con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a cuenta de la imputación del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero en el caso Plus Ultra. Con el auto judicial que investiga el rescate de la aerolínea en la mano, Rufián ha cargado contra la situación, lanzando una frase que resonó con fuerza en la Cámara Baja: “Si es verdad, es una mierda; si es mentira, es una mierda aún mayor”.
Rufián, visiblemente afectado y a pesar de reconocer un “enorme respeto y afecto” por Zapatero, instó a Sánchez a reaccionar ante las acusaciones que pesan sobre el expresidente. “Nueve de los nuestros están en la calle y duermen en sus casas por él, pero también tengo ojos en la cara”, apostilló el diputado de ERC, haciendo referencia al papel de Zapatero en la política de indultos y amnistía relacionada con el procés.
El laberinto del lobismo y la ley de lobbies eternamente pendiente
La intervención de Rufián no se limitó a la crítica directa. El portavoz de ERC aprovechó la tribuna para lanzar una pregunta que sobrevuela desde hace años la política española: “¿Dónde acaba el lobbismo y dónde empieza el tráfico de influencias?”. Una cuestión que, en el contexto del caso Zapatero, ha puesto de manifiesto uno de los grandes vacíos regulatorios del sistema: la dificultad para delimitar la frontera entre la influencia legítima y las prácticas opacas.
Pedro Sánchez, al ser interpelado, optó por una respuesta que apuntaba a la solución legislativa. El presidente recordó que el Gobierno ya impulsó un proyecto de ley para regular las actividades de los grupos de influencia, una iniciativa que actualmente se encuentra a la espera de que los partidos retomen su tramitación en el Congreso. Esta ley, que busca ser una promesa de regeneración democrática, acumula retrasos y evidencia las resistencias que genera en la política española la voluntad de poner orden en este terreno.
No es la primera vez que el Congreso intenta abordar esta regulación. Ya en 2021 se registró una iniciativa similar, impulsada también por el PSOE, que llegó a ser admitida a trámite pero terminó encallada en el debate parlamentario. El adelanto electoral de 2023 acabó por dejarla definitivamente en el cajón de los proyectos inacabados.
"Ellos roban a manos llenas, nosotros somos otra cosa"
En su intervención, Rufián también hizo una comparación con otros expresidentes, sugiriendo que figuras como Felipe González, José María Aznar o Mariano Rajoy “se lo merecen mucho más” que Zapatero en términos de escrutinio judicial. “Y tanto que sí”, incidió, para añadir acto seguido: “Pero la izquierda somos otra cosa. Ellos están encantados de la vida y roban a manos llenas, pero nosotros somos otra cosa”.
Sánchez, por su parte, defendió la presunción de inocencia de Zapatero y expresó su apoyo al expresidente, destacando además su legado político. Sánchez también quiso recordar que, a diferencia de lo que ocurría con los gobiernos del PP, durante la etapa de Zapatero “no hubo ningún caso de corrupción”.
A pesar de las defensas y los contrapuntos, la intervención de Rufián deja una pregunta en el aire sobre el impacto que este caso puede tener en la izquierda y la urgente necesidad de abordar la regulación del lobismo en España, un tema que, una vez más, queda a la espera de una voluntad política que parece esquiva.
La ley para regular los lobbies sigue atascada en el Congreso tras años de intentos fallidos. Gabriel Rufián ha llevado este miércoles al Congreso de los Diputados una de esas preguntas que sobrevuelan desde hace años la política española y que el caso Zapatero ha vuelto a colocar en primer plano. La dificultad para delimitar la frontera entre la influencia legítima y las prácticas opacas. Por lo que el presidente del Gobierno ha optado por responder recuperando la ley de lobbies que el Congreso tramita desde hace meses.






